Las Provincias

Transexualidad: primun non nocere

Los neurocientíficos, y no solo ellos, se esfuerzan para encontrar en el cerebro las bases de la conducta y del comportamiento humano que permitan deducir con acierto las mejores directrices que posibiliten el óptimo desarrollo del anhelado equilibrio psicológico y social. Tal es la complejidad de la funcionalidad del sistema nervioso que los logros se van alcanzando con limitadas evidencias, siendo habitual el hecho de que se describa un paso adelante seguido por dos pasos atrás, con la desazón añadida de lo mucho que queda por aclarar.

Con este panorama es arriesgado establecer paradigmas mandatarios de carácter universal pues el devenir de los hechos puede llegar a demostrar lo contario y de consecuencias imprevisibles. Por tanto antes de adoptar posturas maximalistas de difícil retorno, muchas veces de carácter ideológico y sin evidencias contrastadas, debería ejercitarse una prudencia preventiva en evitación de males mayores. Debe tenerse en cuenta que la prudencia no es una reacción básica como la ira, el miedo o el asco, sino la consecuencia de una serie de condicionamientos aprendidos por el cerebro para dar la respuesta mas adecuada frente al entorno o determinados planteamientos.

Un inadecuado manejo de la prudencia puede ser la consecuencia de una inapropiada asertividad que hoy día todos buscan afianzar, entendiendo la misma como una habilidad social que potencia los sentimientos propios que pueden ser muy lícitos pero que de forma torticera pueden implicar el extremo de imponer a los demás nuestras propias consideraciones de manera forzada, aunque sea por la mínima.

Por tanto antes de tomar decisiones de difícil retorno y de complejidad inequívoca, como ocurre con la transexualidad en la infancia donde el niño indefenso es el que mas riesgos corre, debemos ejercer otra función cerebral superior como es la función ejecutiva que facilita la mejor planificación contemplando todas las posibilidades y consecuencias futuras, sin tratar de ser por todos los medios los abanderados de toda la razón para contrarrestar una imagen de debilidad política que a todas luces siempre se quiere evitar.

El refranero español, y seguramente en todos los lugares del mundo, siempre tiene referencias para todo viniendo al pelo en este caso el dicho que recuerda lo de «zapatero a tus zapatos» pues la idea de marginar a los profesionales sanitarios, con la intención apriorística de que la problemática de la transexualidad se quiere 'despatologizar', no es en absoluto de recibo. Debe contarse en primer lugar con los pediatras que son los más relacionados con el niño y su desarrollo, con los endocrinólogos pediátricos al igual que necesariamente no puede obviarse la valoración psicológica y psiquiátrica.

No tiene sentido ningunear a los profesionales de mas experiencia en este campo pues son los que pueden realizar mejor que nadie una valoración individualizada en los menores, identificando los casos cuestionables en los que la prudencia aconseja un compas de espera hasta que el desarrollo madurativo adecuado configure la personalidad del sujeto. El desarrollo está determinado por la adquisición de patrones de conducta en el niño hasta llegar a configurar, hasta bien pasada la pubertad, los rasgos inequívocos de su personalidad, que puede no llegar a estar definida hasta la segunda década de la vida.

Adoptar determinaciones que pueden incluir, entre otros, procesos quirúrgicos irreversibles puede tener consecuencias trágicas para el futuro equilibrio emocional del sujeto, sin que estas limitaciones en todo caso deban representar menoscabo alguno para los casos inequívocos de transexualidad, cuya asistencia tiene que depender de la prestación pública sanitaria consecuente como cualquier otro proceso médico.

Los logros ciertamente positivos de aceptar la diversidad en todas sus manifestaciones facilita que en los casos de dudosa transexualidad real puedan aplicarse medidas contraproducentes y además de alto coste económico y social, cuando por otra parte quedan sin resolver muchas de las prestaciones completas de otras dependencias. Precipitarse en estos casos tiene un riesgo añadido cuando la personalidad de un niño no ha completado de formarse, entendiéndose la misma como el patrón o conjunto de características relacionadas con los sentimientos, emociones y pensamientos que van ligadas al comportamiento.

Los padres deben asumir igualmente un papel fundamental en todo el proceso de decisión, pero obligadamente deben estar antes asesorados por un equipo sanitario que objetive las características particulares de cada caso, siendo incuestionable que éstos actuarán siempre en favor del menor, en evitación de males mayores y de alarmismos contraproducentes.

Seamos por tanto muy cuidadosos y sensibles con las determinaciones y legislaciones que hagan de los asuntos profesionales médicos una cuestión de opinión que se decida en los estrados parlamentarios y sin contar con los especialistas cualificados y experimentados.

De seguir en la línea que se avecina en el ámbito político la toma de decisiones traspasará los límites de la objetividad ocupando su lugar medidas que podrán ser muy populistas pero que para nada benefician la salud del usuario. Especialmente en lo referente a la transexualidad en la infancia ello puede tener consecuencias muy perjudiciales, con implicación directa negativa sobre el principio básico de la medicina que es «primun non nocere», lo primero no dañar.