Las Provincias

BONIG EN MADRID

Isabel Bonig asiste esta tarde en Madrid a la votación en el pleno del Congreso que permitirá investir presidente a Mariano Rajoy. No se trata de ir a pasearse por el edificio situado en la Plaza de las Cortes, ni de saludar a viejos amigos. La presidenta del PP valenciano tampoco va a la capital para dejarse llevar de la euforia de los populares por haber logrado sacar adelante finalmente el desbloqueo de la legislatura y continuar al frente del Ejecutivo. A lo que va la dirigente valenciana es a que se le tenga en cuenta. Y no a ella, sino al PP de la Comunitat. El Gobierno presidido por Rajoy desde 2011 arrinconó a los populares de la Comunitat. El que en su día fue principal granero de voto del PP, al que Rajoy ponía de ejemplo de gobierno de su partido, vio achicada su visibilidad a la misma velocidad que las causas de corrupción comenzaron a salpicar a sus dirigentes. El cordón sanitario sobre todo lo que oliera a valenciano minimizó el protagonismo de la Comunitat en el Ejecutivo del líder popular, hasta el punto de tener que recurrir a la singular valencianía de José Manuel García Margallo para no tener que constatar el aislamiento total del PPCV. Que los populares valencianos ya no pesaban se percibió, de forma especial, en el ínfimo número de altos cargos del Ejecutivo central. Rubén Moreno y Susana Camarero completaron una nómina paupérrima, reflejo de la escasa confianza que Rajoy depositaba en un partido al que las últimas elecciones zarandearon sin piedad. Pero las cosas cambian y no hay mal que cien años dure. El PPCV que preside Bonig no sólo ofrece síntomas de haber recuperado la sintonía con una mayoría social, sino que además se perciben indicios de que, aún desde la oposición, logra poner a la defensiva al Ejecutivo de Puig y Oltra. Los resultados del 20-D y del 26-J constatan un crecimiento del apoyo hacia esta formación que ha reactivado la ilusión de su militancia. «Pensaba que estaríamos ocho años en la oposición. Quizá sean sólo cuatro», admiten algunos de los más destacados responsables de ese partido. Bonig va a Madrid a hacer visible ese cambio de dinámica. Y de alguna manera, a trasladar que si este PPCV es otro, la visibilidad que se le proporciones en el Ejecutivo central también debería de ser otra. «La batalla no está en cuántos ministros valencianos, pero sí en los secretarios de Estado», reconoce una fuente del partido. Rajoy se pondrá el domingo a confeccionar su nuevo Ejecutivo, y en los días sucesivos se irá conociendo el segundo escalón. El PP valenciano aspira a lograr una presencia superior a la que obtuvo en el último Gobierno. Conseguirla constataría el cambio de percepción hacia el PPCV de la calle Génova. No lograrlo obligaría a seguir asumiendo que disponer de un apartamento en la playa confiere carné de valenciano. Aunque sólo sea un mes al año.