Las Provincias

Que venga la cordura

Parece que no, pero sí. Estos cuarenta años de democracia han dado sus frutos, y es muy posible que en esos cuatro decenios hayamos aprendido lo que los italianos consiguieron a lo largo de dos siglos: saber vivir un poco al margen de los políticos, sacando el sentido común, tras lo que late al fin una compresión más profunda de lo que parece por parte del ciudadano medio, el que mira de reojo las facturas cada mes para que no se desboquen. El que sabe indignarse pero manteniendo el tipo, porque al día siguiente hay que trabajar. El que espera no renunciar a esas pequeñas alegrías que hace que, al fin, todo se dé por bien empleado.

Me ha venido esta idea a la cabeza cuando asisto al nuevo espectáculo del PSOE. ¿Cómo es posible que continúe este disparate ahora con la discusión de cómo y cuántos tienen que abstenerse en la votación para la próxima investidura de Rajoy? Después del espectáculo de la dimisión de Sánchez, ahora el estrambote. Este partido es clave para la democracia y para contener a los nuevos redentores, y sólo podemos desear que recobren sus dirigentes cuanto antes el pleno uso de sus facultades mentales. Lo que realmente sorprende es cómo ellos se metieron solitos en este embrollo. Tras las segundas elecciones estaba claro que tocaba ser oposición de verdad, piedra de toque de los acuerdos que precisa el PP para sacar adelante la nueva legislatura. Esto es justamente lo que venden ahora quienes han provocado el giro hacia la abstención: ¿pero acaso no era esto evidente para el común de los mortales que no se obcecara en el credo 'quiero lo mío o que todo reviente'?

Se menciona la 'capacidad diabólica de Rajoy' de no hacer nada y lograr con eso que los demás se desmoronen; se habla del 'código mariano' como un recurso de astucia que confunde a los adversarios. No veo tal habilidad por ninguna parte. Cuando mantuvo su candidatura a presidente del Gobierno hizo daño a la oposición porque los ciudadanos siguieron votándole debido a que las alternativas eran paupérrimas y a que el fondo de corrupción no fue tan oneroso en una coyuntura que arrojaba cifras económicas de recuperación en un presente incierto. Un PP sin Rajoy hubiera hecho más fáciles los pactos e incluso podría haber aumentado el voto a su partido, pero esa opción ahora es indemostrable en su segunda parte, no en su primera, porque su permanencia envenenó al PSOE con los delirios de poder de un Sánchez al que cada vez se le votaba menos.

Los españoles debemos apuntarnos este tanto. Atravesamos estos años con un comportamiento ejemplar. Vemos con estupor a los de la 'cal viva' volver a la política de barricadas, y aguantamos la respiración para no sofocarnos con toda esta pólvora mojada y obsoleta del PSOE. Ahora solo queda que venga la cordura para esta legislatura, y que la corrupción solo aparezca en las causas que queden pendientes.