Las Provincias

NADAL NO TIENE LA CULPA

Malas noticias llegan desde Les Corts. Mientras el portavoz del PSPV, Manolo Mata, anuncia que deja el cargo y tal vez el Parlamento, la agresividad, la descalificación y el insulto se instala en la tribuna del hemiciclo de la mano de un diputado de Compromís que es a su vez el cantante de La Gossa Sorda, un grupo, curiosamente, cuya música y letras admira el parlamentario socialista. El vídeo con los 'mejores momentos' de la intervención de Josep Nadal en el pleno del pasado miércoles, durante el debate sobre la reivindicación del llamado tren de la costa, muestra a un hombre completamente fuera de sí, que reta a los contrarios (los del PP, que para él no son rivales sino enemigos), como si estuviera en una pelea callejera, y se comporta de manera chulesca y desafiante, exigiendo al presidente (su amigo «Enric», como le llama) que «vaya expulsando» a los populares, que lógicamente le sobran, si fuera por él no estarían ahí. Por más que Ximo Puig salga torpemente en su defensa («junts farem saó»), porque no le queda otra, porque está atado de pies y manos, prisionero de Oltra, es muy negativo para la institución, para la democracia y para la convivencia entre valencianos que mientras políticos como Mata inician el camino de la retirada -aunque sea temporal y por su oposición tanto a la abstención de su grupo a la investidura de Rajoy como a determinadas concesiones de su partido en la Generalitat-, se batasunice la Cámara con nacionalistas radicales cuyo discurso no admite matices porque es de confrontación, de lucha, de liberación nacional contra el Estado opresor, de amigos y enemigos, buenos y malos, maulets y botiflers, victoria o derrota. En cualquier caso, la culpa no es de Nadal, que es lo que es y no engaña a nadie, sino de quien creyó que era una buena idea convertirlo en diputado autonómico y dejar que suba a la tribuna del hemiciclo a exponer y defender sus 'ideas' con su particular modo de hacerlo, es decir, a través de la agresión verbal y la provocación hacia los que sencillamente no soporta. Como es conocido en determinados ambientes, como gusta a la gente joven, como es una cara conocida, en Compromís le buscaron la canonjía de Les Corts, el sueldo asegurado durante cuatro años para así poder seguir componiendo sin problemas las canciones contra ese sistema y ese Estado español que tanto detesta y del que ahora cobra sin hacerle ascos. No, él tan sólo es un listo que saca provecho de su fama. Responsabilidades habrá que pedírselas a su amigo Enric, completamente sobrepasado el miércoles, impotente, anonadado, y a su nuevo amigo Ximo, que con tal de no molestar al socio necesario es capaz de defender lo indefendible mientras permanece impasible ante la fuga de su portavoz.