Las Provincias

Desenlace fatal

El PSOE ha culminado un ciclo de autodestrucción que en realidad comenzó mucho antes que la etapa del denostado Zapatero. Son esas dos almas que han convivido siempre en los socialistas, esa pelea eterna entre proletarios y señoritos, profesionales y obreros, rojos y social-liberales, Guerra y Solchaga, la Beautiful People y el sindicato, los maximalistas y los posibilistas, los gerifaltes privilegiados y las bases dogmatizadas. Han ido capeando el temporal como han podido hasta que la crisis del 2008 les ha puesto ante el espejo de sus contradicciones.

Ya en el 2004 se encontró Zapatero un Gobierno de rebote que surgía de la tragedia, y como no estaba preparado para gobernar y la economía iba como un tiro quiso dedicarse a las leyes polémicas y a generar tensión para mantener la creencia de que el socialismo estaba vivo. Había que despistar y resistir, argumentar que con la actual globalización y dentro de Europa todavía existe margen de maniobra para los socialistas. Y la realidad es que apenas lo hay, y menos cuando se desencadena una brutal crisis.

Pero no siempre se puede sacar un conejo de la chistera, una norma controvertida que afirme la identidad o un tema que enardezca a las masas. El PSOE ha ganado algunos debates ideológicos pero ha perdido completamente la batalla del discurso económico. Carece de programa porque con la pretensión de disimular su desorientación y su fragmentación se ha dedicado a crear polémicas incluso cuando eran innecesarias. Ahí encaja la obsesión por el malvado enemigo y el lema del no permanente, la radicalización aunque sea superficial y ellos mismos sepan que solo podrán retocar las medidas económicas que impone Bruselas. Este PSOE es un zombi, parecen vivos pero hace tiempo que están muertos como proyecto político.