Las Provincias

VALORS

No hay temporada en la que no hay que lamentarse de un espectáculo dantesco como el vivido el sábado en Mestalla. Un árbitro convirtiendo un espectáculo deportivo magnífico en una estafa bochornosa para una competición indigna de colgarse el cartel de 'mejor Liga del mundo'. Ya es lamentable que una Liga como esta esté en manos de árbitros tan mediocres y cabe recordar que están adscritos a la RFEF y no a la Liga aunque esta algo debería hacer para no poner su negocio en manos de señores como Undiano Mallenco. Ni es la primera vez ni será la última pero, curiosamente, siempre sucede en beneficio de los mismos. Seguro que Undiano nada tiene contra el Valencia pero sí tengo claro que él -como muchos otros- tiene absoluto terror a las consecuencias de un arbitraje perjudicial para el Real Madrid o el Barcelona y el sábado quedó absolutamente mediatizado por la imagen de Iniesta yéndose lesionado. A partir de ese instante, todo le pareció poco para contentar al grande. Se le nubló la vista hasta el extremo de no ver fuera de juego donde sí lo hubo y no ver penaltis clamorosos cuando sí se produjeron. De forma que el buen trabajo de un equipo que se está recomponiendo y que es capaz de incomodar a todo un gigante como el Barça queda reducido a cenizas y a día de hoy poco nos acordamos de cómo los de Prandelli 'plantaron cara' al equipo de Luis Enrique porque la indignación lo invade todo, porque la bilis - una vez más- arrasa el buen sabor de boca. Luego surgen las distintas lecturas desde los dos epicentros de la refriega mediática entre merengues y culés. Hoy los medios madridistas son solidarios con el valencianismo porque el beneficiario del desacato ha sido el Barça. Cuando te la hacen en el Bernabéu son los madridistas quienes te cuelgan el cartel de llorón y en Barcelona te pasan la mano por el hombro compartiendo lágrimas, pero no se engañen: la única diferencia es que unos lo hacen en catalán y otros en castellano.

Pasado el tsunami solo queda el derecho al pataleo hasta que toque poner la otra mejilla y pagar la penitencia de un bobo al que no se le ocurrió mejor idea que lanzar una botella desde la grada y que -ojalá- nunca vuelva a poder pisar un recinto deportivo. Está claro que no lo merece y el Valencia debe ser el primer interesado en desterrarlo de Mestalla. De igual manera el Barcelona, en defensa de esos 'valors' de los que tanto presume y que ha dilapidado en los últimos años, debería ser el primer interesado en domesticar a sus futbolistas - enormes futbolistas- que están arrastrando el escudo de la institución con comportamientos 'poligoneros' como los que exhibieron en Mestalla. Ah. y, de paso, que les expliquen en qué país se están haciendo multimillonarios para que no olviden pagar sus impuestos como hacemos el resto de españoles.