Las Provincias

«A guanyar diners./ On están? On están?»

Antonio Montiel acusa ahora a Ximo Puig de hacerse el remolón con la reapertura de la RTVV, cuando sabe ¿positivamente? que no es verdad. No hay nadie más interesado en que empiece ya, que el público se va que Puig, los extrabajadores, los exproductores, los actores, los estudios de doblaje, los que aspiran a dirigirla y los que confían en beneficiarse de alguna de sus regalías. No necesariamente por este orden, ya que más que están maniobrando algunos de mis colegas por encaramarse a alguna de sus peanas no se está moviendo, verbigracia, Fredi, y le va la vida a pelota valenciana en ello, según me cuenta. Lo malo, de todos modos, no es que algún informador pierda la compostura. Con su pan se lo coma. Lo malo es que este cancaneo está afectando al rigor, a la independencia y a la precisión de las informaciones que aportan a sus respectivos medios. Y éste es un tipo de fraude que la profesión -oído, UPV- no debería consentir.

Orwell pensaba -nos lo recordó Julián Quirós en su brillante discurso anual ante lo más granado de la sociedad valenciana en la gala de entrega de los premios de LAS PROVINCIAS-, que la libertad de prensa es el derecho que faculta a los periodistas a decirle a la gente lo que no quiere oír. A este privilegio voy a aclamarme para confesarles la vergüenza ajena que nos están haciendo sentir los cofrades que se han embarcado en esta competición. Menos reclamos del estilo de: 'Periodista con experiencia (en masajes informativos) se ofrece. Razón: aquí', que aún no han publicado ninguno -para qué los van a publicar si ellos mismos funcionan como hombres anuncio- están haciendo de todo lo que denigra al gremio. Dentro y fuera de la ardiente luminosidad de internet. Y todo por un premio que, se supone, se ha de librar por concurso oposición. Plumilla tengo junado -que diría Blasco, el del chabolo- que después de haber conseguido una cierta cuadratura del círculo al asistir a unas misas y repicar en otras, va a intentar ahora acabar con otro mito: la imposibilidad de estar al plato y a las tajadas.

Lo que no ha entrado en funcionamiento hasta la fecha es ninguna sociedad de bombos mutuos (SBM), como las llamaba Jardiel. Y es lógico. En esta modalidad del alpinismo laboral cada uno va a la suya. Salvo en un caso conocido, emanado del amor y quién sabe si de los gananciales. Me refiero a la unión matrimonial demostrada por una pareja de exempleados de Canal 9. A la que un compañero de armas puso en duda la idoneidad del marido para optar al solio de Pedro (García), saltó la mujer sobre aquél y lo destrozó. El resto del humo que han continuado echando las redes sociales ha sido de incienso, ya que los golpes bajos sólo se los lleva un candidato que no está, aunque se le espere. Por algo será.-