Las Provincias

Fútbol no, gracias

El padre acude junto a su hijo de ocho años a animar a su Valencia CF. Almohadillas para los dos, bocata, refrescos, bufanda del equipo, paquetes de pipas, nervios, alboroto, ganas de que empiece el partido en Mestalla. Ambientazo por toda la grada. Por fin, el balón se pone en juego. Como siempre, once contra once y la pelota coge velocidad por el césped. Comienza la liturgia de los noventa minutos. La necesidad de elevar la voz para animar, hasta cierto punto es lógica pero cuando traspasa el umbral de la mala educación, el padre si es responsable, reflexiona. Es en ese momento en el que el árbitro parece querer ayudar al equipo visitante haciendo la puñeta a tu equipo del alma querido. Suben los ánimos y las arengas se transforman en insultos. El árbitro se convierte en el hijo de una señora de mal vivir y los jugadores implicados en unas cabras muy grandes. El niño de ocho años con sus jóvenes y vírgenes orejas bien abiertas se empapa con lo que se cocina en la grada. En el campo, mientras, se juega una mentira. No existe el honor, el respeto ni los valores de otros deportes como el balonmano, baloncesto, rugby o atletismo. El fútbol además de ser el opio del pueblo, es mentira y engaño protagonizado en su mayoría por jóvenes ignorantes, pero ricos que viven desconectados a la realidad. Un cóctel explosivo que, para el niño de ocho años que asiste al campo cada vez que juega su equipo, acabará explotándole en las manos.

Al padre del menor que le tiró la botella a Neymar el pasado fin de semana, seguro que no le ha hecho ninguna gracia que su hijo haya sido protagonista en todos los medios de comunicación y menos que tenga que pagar tropecientos mil euros de multa. Pero no pasa nada, luego pones la tele y escuchas éso de: «el fútbol es asín».