Las Provincias

Así somos los valencianos

Dicen que soy choto por mi afición deportiva, churro porque no hablo valenciano -aunque lo intento y lo practico con mis espardenyaes- y medio charnego por mi andaluz padre. Muchas calificativos -nos encanta- para un valenciano orgulloso de serlo. Pero somos particulares. Mucho. Contradictorios. Más todavía. Llenamos el estadio de Mestalla pero no tardamos ni un partido en criticar al entrenador o al equipo. Para unos somos Comunitat, para otros Regne y País para los demás. Hablamos un valenciano de la RACV, pero también de la AVL. Y reclamamos para nosotros lo que no estamos dispuestos a hacer. La burguesía valenciana se alzó en armas, de manera soterrada, en tertulias que aspiran a convertirse en lobby y en grupos de mensajería móvil, en contra de que un señor de Singapur comprara el club enseña de la ciudad. Pero nadie salió públicamente con dinero calentito para adquirirlo. Al final sólo Juan Roig aparece a cara descubierta. Los pone en el Valencia Basket y los sigue poniendo a través de su fundación para el carril running y para los deportistas minoritarios. Y ahora es parte de la familia Lladró la que lamenta que la empresa deje de ser de los valencianos. Nunca ha sido mía -aunque viva en Tavernes Blanques, donde persiste la mastodóntica sede con edificios vacíos-, sí de tres hermanos que han acabado como el 'ball de Torrent' cuando la segunda generación se puso el traje de faena. Apelan a sentimentalismos cuando al final se trata de malas decisiones empresariales. Que se lo digan a la extinta banca valenciana. Es una manera muy nuestra de tapar nuestras vergüenzas, las de pésimos gestores, públicos y privados. Somos 'meninfots' -menos si vemos una mala paella-, un pueblo dividido y discutidores. Pero yo estoy orgulloso de ser valenciano.