Las Provincias

Reforma de verdad

La ronda de consultas del Rey con los grupos representados en el Congreso devolvió ayer a la actualidad la reforma de la Constitución. A la renuencia sin disimulos con que el PP afronta el tema se le sumó la dificultad de las formaciones partidarias de 'abrir el melón' constitucional para proponer cambios precisos que pudieran contar con la mayoría parlamentaria de dos tercios. La aparición de una fuerza como Podemos, más favorable a hacer saltar por los aires la Constitución que a actualizar la de 1978, generaba un efecto disuasorio a la hora de acometer la tarea. La gran paradoja a la que se enfrenta la reforma de la Carta Magna es que solo tiene sentido abordarla de manera integral y sin excesivas reservas, pero ello requiere una disposición al consenso que no está ni mucho menos garantizada porque Rajoy vaya a sacar adelante la investidura. La reforma ha de atender a dos exigencias: adecuarse y hasta adelantarse a un tiempo nuevo con respuestas válidas y eficientes, y lograr que éstas alcancen una anuencia política y social equiparable o superior a la expresada en el referéndum del 6 de diciembre de 1978. Se trata de un doble requisito muy difícil de cumplir, que propicia el bloqueo por la polarización entre la impasibilidad y el adanismo, y porque el independentismo catalán insiste en desencajarse del Estado constitucional. Los intereses partidarios se encuentran muy lejos de un diagnóstico común sobre las necesidades de reforma.