Las Provincias

ENTRE ANDAMIOS

Cuando se forme el nuevo Gobierno y en cuanto se nombre el nuevo delegado del Ejecutivo en la Comunitat Valenciana, siga siendo Moragues o quien sea, le propongo que se fije como objetivo para su mandato el conseguir que la Administración central del Estado en Valencia disponga de unos edificios que estén en consonancia con lo que debe ser su papel en la tercera capital española. Porque haciendo un rápido repaso a la situación actual de sus sedes nos encontramos lo que sigue: la propia Delegación del Gobierno en el histórico Palacio del Temple continúa en obras, unas obras eternas que han estado paradas durante un par de años; la sede de Hacienda en Guillem de Castro se ha tenido que cerrar por problemas estructurales del inmueble y las oficinas se trasladan 'provisionalmente' (¡cinco años!) al edificio del BBVA en la plaza del Ayuntamiento; el complejo policial más el CIE en el antiguo cuartel de Zapadores es una completa ruina, necesitada de una intervención urgente que se retrasa año tras año; prácticamente todas las comisarías de la Policía Nacional se han quedado obsoletas, con casos realmente bochornosos, como la de Patraix, en la calle Gremis, con su fachada envuelta en redes para evitar desprendimientos, una imagen tercermundista que no parece en vías de resolverse; dos entidades asociadas a la Administración del Estado como son el Banco de España (en la calle de las Barcas) y Correos (en la plaza del Ayuntamiento) han iniciado recientemente la restauración de sus edificios, algo es algo. En definitiva, las sedes gubernamentales en Valencia ciudad se encuentran ahora mismo o cerradas o en obras, entre andamios. Se avecinan, sin embargo, tiempos difíciles, recios, de confrontación en un Congreso multipartidista, de agitación callejera por parte de los que sólo creen en la democracia cuando el resultado es favorable a sus intereses, de enfrentamiento entre un Gobierno regional en manos del PSOE-Compromís con el apoyo de Podemos y un Ejecutivo central del PP con respaldo de Ciudadanos. En esas circunstancias complejas y por momentos (vaticino) agrias, la Administración estatal debería más que nunca tener una imagen potente, transmitir fortaleza o, como nos gusta decir a los periodistas, exhibir músculo. La Delegación del Gobierno en el Palacio del Temple tendría que ser un centro público con oficinas y espacios abiertos a los valencianos, la Delegación de Hacienda en Guillem de Castro no puede convertirse en uno más de los edificios abandonados y en desuso de la ciudad, las comisarías de la Policía no deben seguir siendo ejemplo de instalaciones cutres y cochambrosas. Deberes para Moragues o el sustituto de Moragues: renovar esa imagen, acabar con andamios y redes.