Las Provincias

El discurso de Puig

El pasado jueves, la entrega de los premios del diario LAS PROVINCIAS, 'Valencianos para el siglo XXI' fue un acto emotivo y novedoso. Emotivo, como todos los años, por la personalidad y el ejemplo de los galardonados, por su coraje y talento; y novedoso porque en su desarrollo tuvo un bello protagonismo la nueva banda de música juvenil que ha creado el periódico con motivo de su 150 aniversario. Cerró el acto el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, quien realizó un hermoso discurso. Intenso, educado, bien construido y, sin duda, integrador. Es decir, un discurso que surge directamente de los valores democráticos, y que enlaza con la historia de LAS PROVINCIAS, un diario nacido con vocación de servicio, de defensa de los intereses valencianos y de la verdad. Y, por supuesto, inserto en ese escenario que la inmensa mayoría de los valencianos ama: la propia realidad de España, viejo país formado por regiones muy diversas, pero que ahí está, lleno de vida y de futuro, de esfuerzo y esperanza. Por mucho que personajillos periféricos abominen de su verdad histórica. Y por mucho que estrafalarios políticos de la revancha, el odio y la barahúnda chavista traten de desestabilizarla.

El discurso de Ximo Puig venía después de otro, relevante, del director de este diario en el que nos recordaba algo que cada día empieza a ser más cierto: que las redes electrónicas no van a demoler la vieja tradición, imprescindible para la libertad y el diálogo, que constituyen los periódicos de papel. Tan identificables, sólidos y cercanos. Aunque, obviamente, compatibles con sus versiones digitales. Pero así como la fotografía no terminó con la pintura, antes bien, abrió el infinito territorio moderno de las artes plásticas y así como el cine no acabó con el teatro, sino que lo obligó a una mayor imaginación y riesgo, tampoco los diarios digitales acabarán con la irrenunciable costumbre de pasar las páginas de papel de los periódicos. Y lo mismo sucede con los libros de papel. Porque el libro es un invento demasiado perfecto como para desaparecer.

Pero vuelvo a Ximo Puig. Después de varios años de escuchar los discursos inanes de sus antecesores. Llenos de lugares comunes y de incapacidad para acercarse con el corazón a los galardonados y también a todos los asistentes, el presidente de la Generalidad habló de una forma en la que, sobre todo, nos estaba mostrando su sensibilidad y su saber estar. Y eso debe ser resaltado porque por encima de todo los políticos son personas. Y cuanto más personas sean, más humanistas, más abarcadoras de los intereses y criterios de la ciudadanía a la que representan y gobiernan, mejor nos irá a todos. Muy en particular en una coyuntura tan difícil como la actual.