Las Provincias

La democracia de Carmena

Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid por la gracia de Podemos y la indulgencia del PSOE, apuesta por el final de la democracia representativa. Escuchar algo así a estas alturas más que sorprender, sobresalta. ¿Cómo una mujer que fue juez y sin embargo luchó contra la dictadura puede haber cambiado tanto?

Carmena llegó a la Alcaldía como cabeza de lista de Ahora Madrid, una coalición electoral liderada por Podemos, aunque la alcaldesa ha marcado siempre distancia con esta formación. En su opinión, «los partidos políticos te despersonalizan, son una gran trampa, no te puedes someter a una serie de imperativos y consignas». La alcaldesa defiende las consultas ciudadanas, ya que la democracia representativa «se está acabando».

Como es una mujer culta y con experiencia, Carmena debería aclarar mejor sus chocantes palabras. Siempre hemos escuchado esa frase que reconoce que la democracia es el peor sistema político excluidos todos los demás. La realidad es que, entre todo lo conocido y soportado, hasta ahora no se ha encontrado ninguno mejor. Y mira que ha habido ensayos -algunos trágicos- poniéndole apellidos que siempre la han desvirtuado.

Hasta ahora la alcaldesa no ha aclarado cual es la alternativa que mejor encarrile la voluntad popular, en ese juego no siempre bien manejado de gobierno de las mayorías y respeto al control de las minorías, que es la democracia representativa que rige en los países más avanzados del mundo y por la que tanto han suspirado millones y millones de españoles durante cuarenta años. Quizás se refiere la señora Carmena -me pregunto- a la 'democracia' que generó en Rusia la Revolución de 1917 y degeneró en la llamada dictadura del proletariado. En ese caso debería aclarar cuál de los modelos es el que ella considera más adecuado, el de Lenin, el de Trosky o el de Stalin. No creo que la alcaldesa esté pensando en la democracia que practicaron los nacionalsocialistas en Alemania ni tampoco en la 'democracia orgánica' que servía de argumento político a la dictadura del general Franco.

¿Acaso pensará en la del comunismo capitalista de China o la de pobreza para todos que han impuesto los hermanos Castro en Cuba o en la tristemente depredadora democracia bolivariana de Nicolás Maduro en Venezuela? Resulta difícil creerlo, porque todas ellas han fracasado en su intento por repartir mejor la riqueza y mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

Se puede preguntar a polacos, checos, eslovacos, rumanos. La única explicación es que los teóricos de cabecera de Carmena, Iglesias, Monedero, Bescansa, Errejón, etcétera, estén trabajando en el diseño de un nuevo sistema que nos evite el antes deseado engorro de tener que votar.