Las Provincias

COLEGIO NOTARIAL

La sede del Colegio de Notarios de Valencia destaca, en la calle Pascual y Genís, por las grandes puertas de forja que representan guerreros y escudos, y en la entrada central, a ambos lados, siguen vidrieras con los leones alados de inspiración aqueménida.

La mezcla del neorrenacimiento con los tópicos casticistas determinan un barroco escenográfico en tan céntrica vía valenciana.

La espectacular fachada posee guirnaldas, dos amorcillos en el cuerpo central y dos matronas en el remate. 'Nihil Pridos Fide' (Nada Antes de la Fe) reza la cartela.

El edificio fue construido por el arquitecto Joaquín María Belda Ibáñez, según proyecto de 1833. Sin embargo, en 1924 fue sometido a una gran remodelación dirigida por el arquitecto Manuel Peris Ferrando, quien añadió una planta, transformando totalmente la finca.

Ya es sabido que hubo un tiempo en el que casarse con un notario era la meta soñada por las chicas que estudiaban Filosofía y Letras, con la convicción de que una buena boda era más positiva que licenciarse y terminar de bibliotecaria sólo Dios sabía dónde.

Los futuros notarios eran chicos estudiosísimos, serios y formales, que tenían que superar unas oposiciones tan difíciles que estaban años y años presentándose, además de rezar a todos los santos que recomendaban la madre, la abuela y la novia.

Ahora bien, cuando aprobaban, muchos tenían una insólita reacción: reñían con la novia de toda la vida, la que había cumplido con los 'lunes de San Nicolás', y terminaban casándose con una chica que acababan de conocer en su primer destino; y -oh coincidencia- solía ser la hija del médico o la del mayor terrateniente de la localidad.

Tan anecdótica historia es recordada como una página de las décadas de 1950 y 1960. Ahora todo ha cambiado, afortunadamente; las chicas ya no esperan durante años a un novio, por muy buen partido que sea...

Y, además, que las consecuencias de la crisis también llegaron al cuerpo notarial.