Las Provincias

Sin prisas

El entusiasmo reformista con que el Ayuntamiento viene tocando, a toda velocidad y sin descanso, las más sonoras teclas del piano de la ciudad, impide escuchar con calma el sonido de cada asunto; incluso, si se me apura, impide pensar. Y lleva a la duda de si los concejales ciclo-mochileros llamados a decidir han pensado bien lo que dicen y hacen al poner en marcha el ventilador.

Hace unas semanas, por ejemplo, se puso en circulación el viejísimo asunto de la plaza de la Reina, al parecer con la intención de levantar opiniones sobre el proyecto ganador de un concurso que, a finales del siglo XX, hizo el Colegio de Arquitectos, entidad estimada y respetabilísima, pero que no es el Ayuntamiento.

Pero este buscón ha querido reunir otras viejas ideas sobre la plaza hasta dar con un estupendo trabajo de Juan Navarro Rodríguez (ETS d´Enginyeria d'Edificació. UPV) titulado 'La metamorfosis de la plaza de la Reina', que habla de los planes de Luis Ferreres -¡en el año 1891!- resume los de Aymami (1912), Alfaro, Carbonell, los cuatro sucesivos de Javier Goerlich (1929, 1935, 1942 y 1950) y, sobre todo, el concurso municipal de 1950-1951.

En esa oportunidad, que sí fue convocada por el Ayuntamiento, fueron jurados primeras figuras de la arquitectura como Borso, Mora, Viedma y Pedrós y participantes premiados Vicente Figuerola, el primero, más Bellot y Pecourt. ¿Qué pasó con aquel concurso histórico? Pues que nunca se hizo y que la plaza, contra lo que recomendaban los arquitectos, fue creciendo y creciendo, perdiendo escala, porque la tendencia popular, a la que los concejales nunca osaron oponerse, era que se viera la Catedral y el Micalet de forma despejada... y a cuanta mayor distancia, mejor.

Vino después el estacionamiento de 1970 y la plaza, superada ya la larga lista anterior de dudas arqueológicas, fue tomando el sesgo que ahora tiene, el de un grandioso 'cluster' de restaurantes, bares, cafeterías, chocolaterías y heladerías que, en cuanto encuentran acera con dimensiones, desparraman docenas y docenas de mesas al aire libre. No sé el uso que el proyecto ganador en 1999, de Miguel del Rey, daba al enorme espacio que se generaba en el centro de una plaza peatonal, sin circulación y con apenas unos núcleos dispersos de palmeras. Pero sin que eso deba atribuirse al pensamiento del arquitecto, yo la imagino en el futuro como Valencia entera es ya: una colosal terraza, sembrada de sombrillas, donde turistas y vecinos compartimos palmos para el gintonic y el cigarrillo.

La plaza, en estos momentos, tiene muchos usos más: desde punto de espera de landós a cabecera del bus turístic. Sus metros están perfectamente repartidos, incluida la dotación de mendigos. Pero quizá sería bueno exponer al detalle el proyecto del que nos hablan, porque una maqueta es poco, y se podrían recuperar también ideas y recuerdos de los doce proyectos anteriores. Con cuidado, sin prisas, sin agobiarnos. Y pensando bien hacia dónde se va.