Las Provincias

PINGÜINO

Me sorprende que la exótica luna de miel de Kiko Rivera Pantoja se haya difundido a través de los programas del corazón y no en alguno de esos Grandes Documentales de La 2, junto al apareamiento de los suricatos o la fascinante vida social del orangután de Malasia. Bien es verdad que en ese caso el vídeo probablemente solo lo habrían visto el exfiscal Fungairiño y cuatro más. Y la imagen de Paquirrín caminando con aletas merece mucha más audiencia. Lo suyo es comparable al titánico viaje del pingüino emperador. Después de haber observado sin apasionamiento alguno y con ojos meramente científicos al hijo de Isabel Pantoja en versión palmípeda, rascándose el sobaquillo con el tubo de las gafas de buceo, lanzándose en plancha al mar cuando el agua todavía le llega por las rodillas e intentando esnorquelear en una especie de charco, cabe concluir que en la raza humana existen dos tipos de especímenes: anfibios y de secano. Y éste en concreto pertenece a los segundos.

Siendo como es tan poco acuático, a Kiko no le 'merece la pierna' (como diría aquél) gastarse 20.000 euros en dar media vuelta al mundo y viajar a las Maldivas. Habría hecho mucho mejor papel ante su flamante esposa en la sabana africana, en la tundra rusa e incluso en algún tipo de secarral ibérico. O puede que ahí tampoco... El documental de su luna de miel demuestra que así como otras especies durante la época de apareamiento emplean gran parte de su tiempo y energía en aparatosos e interminables cortejos, que tienen su máxima exprensión en las vistosas danzas sincronizadas de las grullas de Manchuria, por desgracia la hembra y el macho humanos (al menos los de este siglo) tienden a mostrarse indiferentes el uno hacia el otro y lo que de verdad los mantiene concentrados y se diría que embelesados es un pequeño aparato en forma de rectángulo cuya pantalla no dejan de mirar y manosear a lo largo de todo el día. Si el aparatito además contiene un palo telescópico que se encoge o alarga a voluntad entonces el entusiasmo de la hembra se multiplica. Curiosa actitud la del ser humano semipalmípedo, pero desde luego nada comparable en estética y belleza a la impecable danza amorosa que ejecutan al unísono las grullas de Manchuria... Y sin cobrar exclusiva.