Las Provincias

TOMATES DE ORO

Reconozco que no le había dedicado antes mucho tiempo a estudiar la propuesta de plantar tomates en el solar de Jesuitas porque apenas daba crédito a la iniciativa. Por eso la coloqué en el montón de proyectos imposibles justo encima del acceso norte al puerto, la línea 2 del metro o la iniciativa del concejal Ramón Vilar para reducir los contratos menores y a dedo en el gobierno municipal.

Pero hete aquí que la cesión a la ciudad de la alquería de la calle Beato Gaspar Bono por parte de la Compañía de Jesús, más bien su formalización, ha devuelto a la actualidad qué hacer con ese puñado de terreno que ha salido a los contribuyentes a precio de oro, o más bien de platino sudafricano.

Y el alcalde Joan Ribó ha querido darle un poco más de aire a la propuesta vecinal de instalar de manera provisional huertos de autoconsumo, al disculpar la supuesta falta de financiación de la Universitat de València, que a todo esto no ha abierto la boca desde que es factible la ampliación del Jardín Botánico.

Entonces es cuando he repasado el dossier de esta iniciativa para echarle un vistazo casi en profundidad. Sesenta y seis parcelas de 40 metros cuadrados cada una, en una superficie total de 2.640 metros cuadrados y tomas de agua desde el jardín de las Hespérides. Ah, y una zona de abono pegada a una tapia, en la parte opuesta a la Gran Vía Fernando el Católico por aquello de no molestar con los malos olores a los viandantes. Además de todo esto, una buena molla de tierra vegetal de entre 25 y 30 centímetros para garantizar la viabilidad de tomates y berenjenas a la sombra del Botánico.

Y pese a que el informe tiene 25 páginas, lo que también tiene mucho mérito para acabar pidiendo unos huertos, no encuentro una referencia clara que diga quién pagaría todo esto, por lo que me temo que serían los contribuyentes. Como siempre.

Salvo esto último, el resto me parece muy respetable y digno de apoyo. Los huertos urbanos funcionan y dan cohesión a los barrios, como ha pasado en Benimaclet, pionero en tantas cosas.

Pero entonces caigo en la cuenta de que se trata del solar de Jesuitas, donde muchos han estado tres décadas dándole a la matraca para que no se hicieran tres torres, dos para viviendas y otra para un hotel. Donde el Consistorio se gastó un potosí para que Lladró y Onofre Miguel edificaran en Campanar y lo mismo ocurrió después con Expo Grupo para que aceptaran el solar donde estaba el nuevo Ayuntamiento. Donde el jardín de las Hespérides tiene un estándar de calidad que sobrepasa en mucho lo necesario, supongo que por complejos del PP en un asunto donde nació el primer salvem.

Con lo que me pregunto dónde están todas esas voces que alertaban de sombras asesinas dirigidas hacia el Jardín Botánico, que se llenaban la boca con la reivindicación de que el solar debía ser para los ciudadanos y que las torres eran algo así como el símbolo satánico de las Torres Kio en la película de Álex de la Iglesia. Y concluyo que deben estar gobernando o seguirán en las aulas.

Los que vivimos en esta ciudad nos rascamos el bolsillo generosamente para permitir una dotación pública destinada a todos los barrios, con un proyecto de calidad que sirva para ampliar uno de los mejores jardines de España. Se hizo curiosamente bajo un gobierno del PP, al que le acusaban de lentitud e inoperancia para rematar un acuerdo con los anteriores dueños de los terrenos.

Y ahora resulta que a las primeras de cambio se disculpa a la Universitat y ponen encima de la mesa un uso provisional. No me vale ni una cosa ni otra. ¿Se han hecho números para ver el coste? Dejemos al margen si será de pago o gratuito, eso puede discutirse más tarde. Pero habrá que reivindicar la ampliación del jardín porque ese debe ser el papel de un Ayuntamiento que ha puesto a disposición del Rectorado posiblemente el jardín más caro en la historia de Valencia. La propuesta de los huertos de autoconsumo es válida, pero no ahí.

No me resisto a añadir que hace meses el alcalde Ribó propuso a la Federación de Vecinos utilizar solares públicos para estas pequeñas huertas, sin que ninguno haya visto la luz. Problemas de abastecimiento de agua, dicen. Pues en el solar de Jesuitas muchos queremos no desperdiciar el dinero y que se cumpla lo prometido.