Las Provincias

Más ruido fundado que nueces legales

A medida que se hacen públicas algunas de las piezas que el juez instructor ha ido desglosando para intentar sacar agua clara de ese pozo insondable y putrefacto que es el caso Taula crece la sensación de que varios de los rollos desgajados de dicha 'mesa' a duras penas permitirán montar algo más grande que una mesilla de noche. Tal es el grado de inconsistencia que presentan las pruebas aportadas hasta la fecha. Las defensas, desde luego, están convencidas de que cada vez que habla Marcos Benavent baja el pan, que a lo mejor es de lo que se trata, habida cuenta de que el exgerente de Imelsa no para de chismorrear, con frecuencia vaguedades del calibre de si hay colillas es que alguien ha fumado. Lo hace cuando entra en el juzgado para deponer, cuando depone y cuando sale. Apuntando, eso sí, cada vez más alto, pero de forma, también, cada vez más inconcreta. De suerte que entre que algunas líneas de investigación fueron abandonadas porque no daban el resultado esperado o porque faltaban manos y que Benavent 'apaleó', como anunció, más mierda de la que estaba en condiciones de sostener, a sus heces ya les pasa lo que a las de la montaña de la canción popular: no huelen 'encara que les remeneges amb un bastó'. Con el agravante de que quitan verosimilitud a las perfectamente demostrables y demostradas, que a lo mejor, insisto, es lo que persiguen Benavent y sus hermanos. Tiemblo al pensar el escaso valor probatorio que puedan tener ante un tribunal unas grabaciones que, como poco, pasaron de las manos de Benavent a las de su exsuegro si no van acompañadas de documentos que las sustenten y amplíen. Y el instructor, de momento, sólo ha pedido que se perite si son ciertas las adjudicaciones a las que aluden Benavent y Alcón. El resto es socialmente corrosivo, pero legalmente inconsistente. De hecho el togado sólo autorizó a practicar tres escuchas telefónicas a la UCO: la del teléfono de Marcos; la de José Adolfo Vedri en previsión de que pudiera pegar la hebra con Mª J. Alcón, y la del móvil de la exconcejala. Y de ellas sólo merece la pena la de Alcón, por lo explícita y didáctica que se mostró con su retoño. De ahí que la acusación se aferre a este audio como a un salvavidas y lo quiera oír en su integridad porque no hay más. Cosa que explica por qué David Serra está absolutamente convencido de que no le afectarán las generalidades que le atribuye su por lo demás hermano en Cristo Benavent, y por qué la declaración del presuntamente contaminadísimo Vicente Burgos ante su señoría duró dos minutos mal contados. ¿Quiere esto decir que todo quedará en agua de borrajas? No. Pero que mucho encausado en la macrocausa saldrá de rositas, sí.