Las Provincias

SE NOS VA A PASAR EL ARROZ

Transcurrido ya un tercio de la actual legislatura autonómica, las cosas, las reformas, el nuevo impulso que se anunció, debería notarse de forma palpable, pero, muy al contrario, lo que se palpa en el campo valenciano es más bien un sentimiento de parálisis, frustración repetida y desencanto; como un 'ya sabía yo', o 'más de lo de siempre'.

No hay dinero, se repite a menudo desde instancias de la Conselleria de Agricultura. Bueno, sí lo hay para lo que se quiere, pero también es verdad que no todo es cuestión de dinero. De momento, para la agricultura ecológica, que está muy bien, pero al fin y al cabo es minoritaria, sí que hay dinero, y más que nunca. ¿Confían en que todo se ha de convertir a ese postulado?, ¿hasta qué punto impera un sentimiento ideológico en la orientación que pretenden dar a la política agraria valenciana?

Es lógico que cada color político tenga sus preferencias y sensibilidades, y en este caso son evidentes, pero ¿basta eso para dejar orillada a la gran mayoría de la agricultura, la que de verdad produce, es mayoritaria, crea riqueza y empleo y sigue siendo líder en exportación, a pesar de todo?

Aquellos planes modernizadores, los grandes proyectos que se exhibieron en la campaña electoral, ¿se están diluyendo en la brega política del día a día? A ver si todo se acaba perdiendo en la espera. Como se dice popularmente, se nos puede pasar el arroz.

Vale que no hay dinero (para lo que se quiere sí), pero hay acciones, propuestas y decisiones que pueden echar a andar sin necesidad de que haya dinero de inmediato. Falta ilusionar, hacer que se note en el campo que de verdad se quiere hacer algo que impulse, que mejore, que no se quede en las palabras habituales, en los anuncios diletantes que se lleva el viento; que se vea empuje para salir del atolladero en el que está sumido el campo valenciano en general desde hace años. Porque si no, todo lo demás, los planteamientos, las grandes palabras, se quedan en el hueco de la nada.

No habrá dinero, pero tampoco queda bien ir predicando sutilmente que si no hay bastante agua es cuestión de apañarse con lo que hay, porque casi parece a veces que se esté a punto de decir: si no tienen agua, rieguen menos, o no rieguen, sean más sostenibles. A estas alturas con ese debate. ¿Qué se produce y se sostiene sin agua? Para eso no hace falta mensajero.

Y mientras tanto, restringiendo a estas alturas planes de ayuda clásicos, como son los de incorporación de jóvenes, programas de mejora de explotaciones (¿para cuándo la normativa pendiente?), de modernización de regadíos, que debería estar incidiendo en el ahorro de energía, como se anunció. Demasiadas cosas pendientes durante tanto tiempo; como la reforma del IVIA. Empiecen por alguna.