Las Provincias

EL PADRE Y EL FOROFO

Escribir los lunes te convierte en el coche-escoba de los acontecimientos del fin de semana. Ya ha pasado todo lo que tenía que suceder, y la columna es epitafio o pórtico de la gloria. Si te alejas del resultado y escribes como si Aderllan Santos pudiera despejar en el área con la cabeza, tu prosa se asemeja al de la sección del horóscopo anunciando amor, trabajo y dinero, con tal sutileza que la realidad nunca pueda desmentirte. Pero puede que cuando la leas te hayan pedido el divorcio, acabe de llegarte una multa de trabajo, o corran rumores de despido. Yo me arriesgo a ser pitonisa (no puedo poner pitoniso, porque el corrector no permite el masculino). Lo normal, cuando se juega con el Barça, es que pase lo peor. Rara vez el chico simpático y que se lo merece todo, pero con acné, y tendencia a la dispersión, conquiste a la chica guapa. Han de conjuntarse una serie de combinaciones astrales que lo hagan posible. Por eso pedimos competir, intentarlo con la determinación de aquel al que la va la vida en el empeño. A veces suena la flauta. Todos los días previos a los partidos contra el Barça me atiborro de esa clase de metáforas, como jalea real preventiva de la goleada. Y me digo siempre que pocas ocasiones habrá en que podamos aplicar con tanto rigor el posesivo «nuestro» a la contienda. Porque es nuestro partido, y por eso espero que la afición dé una lección a los que quieren secuestrar las voces de la grada. Por eso quiero que sea nuestro partido, no el partido de Paco Alcácer. Que juegue, o que incluso marque ha de ser irrelevante. Paco Alcácer es pasado y anécdota de la historia del Valencia, y nosotros los protagonistas de su futuro. Odio los partidos en sábado, porque un mal resultado convierte el domingo en un día estúpido. Te levantas con apariencia real externa, pero vacío por dentro, como un ejemplar de momia trabajado por un embalsamador. Te dan un coscorrón en la cabeza y la derrota hace que suene a naturaleza muerta. Sonríes agarrotado con la mueca del que se ve condenado a huir de las noticias para que el corredor de la muerte que te lleva al lunes laboral, no sea especialmente dramático. Si he de perder contra el Barça lo mejor es que sea un domingo a las 9, de manera que la misma tarde-noche concentre toda la maldad y la injusticia del mundo. Ya decía Ramón Eder que el carácter se forja los domingos por la tarde. Está la posibilidad, cobarde, de huir. El cadete de mi hijo juega a la misma hora. Lo siento mucho, pero entre el padre y el forofo, cosas de la vieja educación, siempre ganará, hasta nueva orden, el padre.