Las Provincias

La cizaña

Una de las consecuencias más curiosas de la campaña del 'no es no' a las puertas de Ferraz es que nadie, salvo los que protestan, consideran la abstención un apoyo a Rajoy. Para el PP, el PSOE no es amigo ni lo será nunca. Una abstención es mirar hacia otro lado, no aplaudir al candidato. Para Ciudadanos, amigo del PP no es ni quien le apoya con condiciones. La prueba son ellos mismos. Ciudadanos se considera obligado por razones de Estado a iniciar la legislatura, a pesar del PP y porque ésa es la única opción viable. Para los votantes del PSOE, a tenor de los datos de las últimas convocatorias electorales, no está claro si el PSOE es amigo o enemigo del PP pero lo que sí está claro es que está haciéndolo mal pues va perdiendo votos y, que se sepa, hasta ahora nunca ha apoyado al PP ni de canto - es decir, con la abstención-, de modo que no será por eso por lo que se desangra. ¿Para quién resulta entonces una claudicación abstenerse? Para Podemos. Y para ese grupo de militantes podemizados que mantienen a los socialistas contra las cuerdas. El éxito de Podemos no es vencer al PSOE en las urnas. De hecho, su rotundo fracaso ha sido no lograr el sorpasso. Sin embargo, ha conseguido algo mucho más dañino, de consecuencias profundas y de largo recorrido. Ha sembrado la cizaña, que es lo que mejor saben hacer los populismos. La cizaña es una simiente mortal que va calando y minando la confianza. Siembra la duda y ésta resulta más efectiva que la acción directa.

Podemos ha logrado que se vea al PSOE como una fuerza débil al servicio de los grandes poderes económicos y políticos. Es una buena estrategia para presentarse como la única izquierda, comiéndose por supuesto a Izquierda Unida que ni está ni se le espera. Si Zapatero se echó en brazos del nacionalismo catalán y así nos va, Sánchez lo hizo en los de Podemos sin que se notara. Sus cantos de sirena fueron empapándolo por dentro y le invitaron a introducir ora el estilo asambleario, ora el discurso bronco, ora el desprecio por la derecha sin matices ni reflexiones profundas. Habrá habido mucho interés particular y ambiciones de grupo en los enfrentamientos internos del PSOE pero también resistencia a mimetizarse con Podemos quién sabe si con una reacción demasiado tardía. El mal ha anidado y un comportamiento sereno y moderado por parte de un líder socialista ya será prueba suficiente de su debilidad. Podemos ha ganado. Ha inoculado el virus y su efecto se está notando. Con un populista enfrente, todo lo que diga va a ser utilizado en su contra. El discurso de Iglesias no tiene grises, solo blanco y negro. Es una pena. Con Errejón de un lado y Eduardo Madina, de otro, las cosas hubieran sido muy distintas. Quizás hubiera resultado un precioso minué interpretado por un lobo con piel de cordero pero tal vez no. En cualquier caso, hablando de líderes, está claro que no todo el problema de España se llama Rajoy.