Las Provincias

EN LA TABACALERA

Como ningún otro reloj valenciano, fue el de la Tabacalera el más mirado y temido por las mujeres trabajadoras. Sus saetas implacables se alzan en lo más alto del edificio que estuvo destinado a las Artes Industriales en la Exposición Regional de 1909, pero cuando finalizó ésta fue ocupado por la fábrica de cigarros de la Tabacalera.

El origen de la fábrica valenciana de tabacos se remonta a 1828, cuando se instaló en la antigua Aduana, actual Palacio de Justicia. A finales del siglo XIX se mecanizó para la elaboración de picadura y cigarrillos, aunque éstos siguieron siendo productos manuales y de dos categorías; unos se exportaban y otros se destinaban para el consumo nacional. Dos mil mujeres trabajaban entonces en la factoría. Fueron las cigarreras protagonistas de entremeses, de coplas y hasta de alguna novela por entregas con carácter de folletín. Sería 'Carmen', la de Merimée y Bizet, el personaje que divulgaría la imagen de una cigarrera brava, bella y amante, que muy poco tuvo que ver con las operarias que llegaban a la Tabacalera antaño, desde la huerta y barrios marineros, cargadas con algún hijo de pecho y la bolsita o la cesta de la comida.

Valencia, es sabido, sobrepasa la media nacional en el consumo de tabaco (42% de la población). De siglos nos viene la costumbre, porque en 1570 se utilizaba ya como planta para usos terapéuticos, llamándose 'hierba real'. Sus hojas, bien molidas, se emplearon en la preparación de cataplasmas para curar dolores de cabeza y vientre.

Como materia para cigarrillos o tomarlo en polvo, se impuso en 1615. Así lo expresa esta cita de Mosén Torralba: «En diferentes partes de España usaban el tabaco, el cual vino de las Indias y comenzó a introducirse en Valencia por los comediantes que vinieron en dichos años». De hecho, las mujeres comenzaron a fumar entonces, aunque con toda clase de disimulos; afición que se acentuó cuando proliferaron las películas en las que el humo envolvía el rostro de las rubias platino.

En la actualidad, pese a la advertencia en las cajetillas de que el tabaco es muy nocivo para la salud, se sigue fumando con auténtica adicción; y lo que es peor, algunos con el aliciente del 'auténtico sabor americano'.