Las Provincias

Sanidad a examen

Decía San Agustín: «La esperanza tiene dos preciosos hijos, su nombre son esfuerzo y valor; esfuerzo por ver como son las cosas y valor para no permitir que continuen así». En la sanidad pública hay magníficos profesionales que cumplen magníficamente su labor y cuya función desde el más alto al más bajo son fundamentales. Pero por desgracia también hay defectos de forma que impiden obrar con rectitud y celeridad, ante el mal comportamiento de algún profesional. He estado acompañando a mi marido ingresado en un centro de rehabilitación. A nuestro lado teníamos a un enfermo de ictus de 75 años, que no tenía a nadie con él, y el trato de algunas de las auxiliares de enfermería en la expresión era vejatorio; y no es por falta de personal, sino de humanidad. En mi opinión los profesionales de la sanidad eligen una profesión vocacional, en la que tan importante son los conocimientos profesionales, como el saber estar, los principios, la educación, la humildad y el buen trato con los enfermos y familiares y muchísimo más cuando es un hospital de media y larga estancia. Un funcionario debería tener los mismo derechos laborales que un autónomo, y no tener la plaza garantizada de por vida. Quien no sabe cumplir con su obligación debería de ser automáticamente destituido. Lo grave de esto es que profesionales así los hay en todos los hospitales públicos y los responsables no hacen nada al respecto.