Las Provincias

El futuro de las pensiones

La crisis económica ha acentuado los desequilibrios de nuestra Seguridad Social, que desde hace seis años experimenta déficits crecientes -el actual ejercicio concluirá con un pasivo de unos 19.000 millones-, que han sido cubiertos por el Fondo de Reserva, que en 2011 superaba los 66.000 millones y que se agotará fatalmente el año que viene. Las causas de esta situación indeseable y peligrosa en que las cotizaciones sociales ya no cubren las necesidades del sistema son la pérdida de puestos de trabajo -unos 3,5 millones entre 2007 y 2013-, el ingreso de más de un millón de nuevos pensionistas en el sistema, la precariedad laboral y la devaluación salarial, que ha impedido que la creación de empleo incremente proporcionalmente la recaudación. El problema es serio pero las pensiones no están amenazadas, y por ello el Gobierno en funciones no ha tomado iniciativas en el periodo de interinidad, aunque todas las formaciones políticas y los agentes sociales promoverán con seguridad la reunión del Pacto de Toledo en cuanto se forme gobierno para acometer este asunto, que debería abordarse con el mayor consenso posible. De hecho, el Pacto de Toledo se firmó en abril 1995 para sustraer al debate electoral esta cuestión sensible, de forma que los pensionistas no se convirtieran en rehenes de la coyuntura política. Existe un sustancial acuerdo entre las principales formaciones sobre la conveniencia de que las pensiones no contributivas -las de viudedad y orfandad y otras que no dependen de que el beneficiario haya cotizado- sean cargadas a los presupuestos públicos, pero aún habrá que concertar posiciones distintas. El PP propone una aportación definida y predeterminada del Estado; el PSOE preferiría un impuesto finalista, al estilo de la Contribución Social Generalizada francesa, que grava las rentas y que recauda casi 90.000 millones; Ciudadanos vincula la reforma de las cotizaciones a la unificación del mercado laboral. Lo cierto es que no hay grandes diferencias entre las posiciones de unas formaciones y otras. El número de pensionistas crecerá imparablemente al incrementarse la esperanza de vida y reducirse la tasa de natalidad. Ciertas correcciones ya en marcha -retraso de la edad, incremento de los años de cálculo- facilitarán los equilibrios, pero la sostenibilidad requerirá un permanente ajuste que las fuerzas políticas deberán realizar con regularidad.