Las Provincias

El adiós de Pedro Sánchez

La dimisión de Pedro Sánchez como secretario general del PSOE, obligada por su derrota en el Comité Federal del partido, es una de las mejores noticias que podía recibir la sociedad española y la sociedad valenciana. Y lo es por algunas razones que nos gustaría exponer: la eliminación de un fantasmal Gobierno sustentado sobre los votos de los radicales independentistas; por la desaparición de un grupo de dirigentes socialistas de la vida política que amenazaban con convertir al PSOE en una fuerza testimonial; y por la posibilidad que se abre de impedir unas nuevas elecciones y devolver a España la precisa estabilidad.

Resulta del mayor interés constatar la desmedida pasión demostrada por Miquel Iceta, el actual dirigente de los socialistas catalanes, en la defensa de la última pirueta de Pedro Sánchez. El hombre que después de afirmar rotundamente que su puesto estaba en liderar la oposición, pasa a afirmar que intentará formar un Gobierno alternativo sabiendo que solo puede construirlo si paga el peaje de aceptar el referéndum separatista en Catalunya y la reafirmación del nacionalismo vasco.

Y no es menos el interés que suscita este posicionamiento de Iceta al comprobar que las dirigentes socialistas de Baleares y el País Vasco suscriben igualmente este pacto tácito de acercamiento al nacionalismo. ¿Acaso se estaba gestando un pacto de poder que cambiaba la tradición de adhesión del PSOE a la defensa de la unidad de España por una concepción distinta que rompía los límites del federalismo?

No tenemos contestación a la pregunta, lo que sabemos es que este inesperado movimiento del secretario general de los socialistas faltando a la palabra dada a Felipe González, ha despertado las alarmas de todos los presidentes socialistas, Asturias, Andalucía, Aragón, Castilla la Mancha, Extremadura, Valencia, que, con un enorme sentido de la responsabilidad y de la tradición socialista, han unido sus fuerzas para detener una operación que podría terminar con la fractura del Estado. Gracias a todos ellos.

Olvidar a Pedro Sánchez y a todo el poco preparado equipo que le ha acompañado debe de ser una tarea estimulante para todos los españoles y, en especial, para todos los socialistas. En su devenir histórico jamás conoció el socialismo una situación semejante en cuanto a pérdida de poder y a presencia en el apoyo de la sociedad. Ser reducido a la cuarta fuerza en el País Vasco, donde ha sido siempre la única alternativa posible al nacionalismo, Ramón Rubial no podría entenderlo y mucho menos Indalecio Prieto, es una herida abierta que por sí misma merecería la dimisión del líder que la hace posible, y mucho más si a ella se le acompaña la derrota en Galicia, tercera fuerza, la derrota de diciembre y la humillación de su trayectoria en el tiempo.

¿Y aún hay gentes que defienden la permanencia de Pedro Sánchez en la secretaria general?

Los resultados del Comité Federal el pasado 1 de octubre abren por otra parte la puerta a una reflexión sobre la gobernabilidad de España y su necesaria estabilidad, sin olvidar las obligaciones que tenemos con Europa y la imagen que debemos defender ante el mundo.

Como ha dicho Javier Fernández, presidente de Asturias, y presidente de la Gestora, que dirige la vida del PSOE, hombre fuertemente afincado en la creencia misma del socialismo y de su modo de ser, dos caminos se ofrecen en el momento actual a los socialistas: impedir a cualquier precio el Gobierno del Partido Popular y aceptar la necesidad de un nuevo proceso electoral, o posibilitar la gobernación del Partido Popular y pasar a una oposición que fortalezca su imagen ante la sociedad española.

La primera opción, nuevo proceso electoral, ofrece un peligro de todos conocido. Un nuevo fracaso electoral que permita a los radicales convertirse en alternativa real, aunque en su aspecto positivo satisfaga a ese socialismo que prefiere la derrota, la reducción a fuerza testimonial, a permitir cualquier triunfo del mundo conservador.

La segunda opinión, un gobierno de las 'derechas', del capital, ofrece la oportunidad de mantener la posición de fuerza alternativa, capaz de hacer una oposición que, dadas las circunstancias, desgaste tanto al gobierno, que abra la posibilidad de reemplazo en el futuro. Aunque, no es posible ignorarlo, con el coste que significa ser presentado ante la opinión pública como un partido moderado, capaz de llegar a acuerdos con liberales y conservadores.

En esencia la pregunta sigue siendo la misma que nos planteamos en el XXVIII Congreso ¿El PSOE es un partido socialdemócrata o en una organización social-marxista?

Los social-marxistas ganamos el Congreso pero fuimos incapaces de construir un futuro. La socialdemocracia, por el contrario, alcanzó el poder y construyó la moderna sociedad española. Esa es la lección de la Historia.