Las Provincias

Viejo y nuevo PSOE

Varios análisis elaborados a partir de datos estadísticos del CIS han permitido poner de manifiesto que la clientela electoral de los viejos partidos, PP y PSOE, está formada por personas mayores de cincuenta años, con bajo nivel cultural y escasa formación tecnológica. Por el contrario, los votantes de Ciudadanos y Podemos son en su inmensa mayoría menores de esa edad que usan en porcentajes elevados los gadgets de las nuevas tecnologías: teléfono móvil, táblet, ordenador.

Este es sin duda el problema más grave del PSOE -y del PP-, el que le ha acarreado el declive que padece y el que, de no remediarse, comprometerá irremisiblemente su futuro. Si las nuevas generaciones emergentes desertan de la socialdemocracia, esta terminará convirtiéndose en una opción residual, como ya sucede en algunos países europeos.

La implosión del PSOE que acaba de acontecer, que en buena medida está vinculada al progresivo deterioro electoral del partido que comenzó en 2011, debería servir al menos para reflexionar sobre las razones complejas de esta decadencia, que no puede atribuirse exclusivamente a la mala gestión de la crisis. La emergencia de los nuevos partidos se produce por razones cuasi físicas: Ciudadanos y Podemos acuden a llenar un vacío manifiesto en el abanico ideológico. En definitiva, la gran conmoción que afecta al espacio socialista, y que amenaza con dejarlo reducido a la irrelevancia, debe terminar generando un debate sobre la naturaleza misma del partido y, por ende, sobre la dirección de avance. Y, de momento, se perfilan dos opciones: la que postula el PSOE de Andalucía, amparada en su relativo éxito objetivo, y la que insinúan algunos jóvenes valores, como Ignacio Urquizu, que tratan de ir a las raíces últimas del problema y a realizar planteamientos de largo alcance.

El modelo andaluz de socialismo, que fue sin duda útil para redimir a una región postrada y hambrienta pero que no ha conseguido sacarla de los últimos peldaños del ránking de renta y riqueza en España ni modernizar su sistema económico. Frente a este modelo, que infortunadamente parece llevar hoy la voz cantante en el PSOE, Urquizu destaca que «el principal problema del Partido Socialista no es tanto ideológico como de conexión con sectores representativos de los valores de progreso. Así, el PSOE debe comenzar a pensar cómo vuelve a conectar con unos grupos sociales en los que sí fue un referente en el pasado».

Infortunadamente, la gran crisis que experimenta el PSOE, y que no se resolverá mañana, está simplemente relacionada con la distribución del poder dentro del aparato y no tiene nada que ver con el modelo de partido, con la inquietud por la falta de un proyecto apetecible, entusiasmante, para las capas más dinámicas de este país, que ni siquiera se interesan por lo que está pasando en Ferraz.