Las Provincias

LOS RECHAZADOS

Los que llegan a algún acuerdo, después de muchas conversaciones y no de pocas conversiones, están deseando salir de él cuanto antes. El caso es no entenderse. El Tribunal Constitucional ha rechazado, por ocho votos contra tres, el veto a los toros en Cataluña. Para que no tengan en paz la llamada fiesta nacional, Ada Colau ha dejado claro las cosas: «Digan lo que digan, haremos cumplir las normas que impiden el maltrato de animales». Ojalá llegue ese piadoso reglamento a las gallinas, que también lo pasan muy mal en sus estrechos chiqueros, aunque no embistan. Los animalistas, entre los que humildemente me encuentro, distinguimos. No es lo mismo un perro -'si no hubiera perros no me gustaría el mundo', dijo Schopenhauer- que una cigala. Habría que graduar los rechazos para no confundirlos con su aprovechamiento político, como hace la Generalitat, pero el buen corazón se disfraza con el mal funcionamiento del hígado.

El asunto no es exclusivamente nuestro. El acreditado insensato Donald Trump ha desafiado el sistema con su amenaza de no reconocer el resultado de las elecciones, que en su opinión sólo serán válidas si él logra vencer a Hillary Clinton. Si no gana, este exaltado demócrata no aceptará el veredicto de las urnas.

Llegar a un consenso es siempre dificultoso, como se demuestra en el quinto aniversario del fin de la violencia de ETA. Sólo pueden votar los supervivientes, pero ni Bildu ni el PP están de acuerdo, porque lo que predomina es el rechazo. En vista de eso, el apoderado del gran José Tomás le propone al empresario de La Monumental de Barcelona organizar una corrida, a ver qué pasa, porque el espectáculo será fuera del ruedo y los adictos competirán con los detractores, mientras los indiferentes no tendrán que pagar la entrada para ver la verdadera fiesta nacional, que es pelearse los unos con los otros. Para saber quién pierde más, porque no habrá ganadores.