Las Provincias

GLOSAS AL FUEGO

El libro 'Glosas al fuego' de la escritora madrileña Carmen Palomo ha sido galardonado con el 'I Premio internacional de poesía en lengua castellana Francisco de Aldana', fallado en Nápoles. El jurado estaba integrado por destacados poetas de diversos países de habla hispana, así como italianos. Y allí, en el Instituto Cervantes de aquella localidad, se hizo la presentación del libro, con una lectura bilingüe, español/italiano, de sus poemas.

Debería empezar por aclarar que apenas frecuento este género, la poesía. Pero leí que la propia autora se refería a su libro como «la plasmación de un proceso de lectura: el de la obra del filósofo Friedrich Nietzsche», y no pude dejar de interesarme por la visión que presentase de alguien cuyo pensamiento tanto me importa desde siempre. Y a partir de las primeras líneas, quedé atrapado., y traspasado por buena parte de sus versos.

Percibí de inmediato que la autora ha sabido ver que, cuando leemos en profundidad, entramos en un juego de juicios y prejuicios, de posiciones que se desplazan, de asunciones vitales que se criban y reevalúan. Y que ha elegido a Nietzsche tanto por la rotundidad de su pensamiento como porque se trata de un filósofo que siempre debe haberle inspirado, como a mí, respeto: ése que sentimos cuando leemos a alguien que nos resulta fácil comprender y con quien creemos tener mucho en común. Respeto, pero también ternura: ternura por el hombre que se presentaba en sus escritos como una especie de Júpiter Tonante, un anticristo dispuesto a dinamitar todos los cánones de la moral cristiana, apóstol de 'La voluntad de poder', irredento enemigo de la debilidad ., y que, en realidad, siempre estuvo él mismo debilitado por la enfermedad., y siempre solo, muy solo., y exhaló el último suspiro de su razón mientras lloraba abrazado al cuello de un caballo, que era fustigado sin piedad por el cochero, en una plaza de Turín.

Carmen Palomo dialoga con él, y eso equivale a dialogar con las raíces de la posmodernidad, con la ventaja de poder observar adónde ha llevado un pensamiento como el suyo.

Pero no es, ni mucho menos, una pura elegía del autor alemán, sino que, en diferentes ocasiones, tanto se dirige a él como se sitúa ante él o contra él, y esta variedad posicional es la que ilumina, a la par que oscurece, la lectura de los poemas. A veces, parece asumir como propios sus pensamientos, y otras veces es fácil apreciar una contrapropuesta, incluso un interrogatorio («Un hombre es, ante todo, sus preguntas», nos dice). Pero incluso cuando se ha posicionado contra el pensador, se la ve situada junto al hombre.

Es fácil ver que la autora ha transitado exhaustivamente por la obra de Nietzsche ('Humano, demasiado humano', 'Así habló Zaratustra', 'La gaya ciencia', 'Sobre verdad y mentira en sentido extramoral' -esta última muy presente como indagación sobre el lenguaje), y conversa con él. Pero esa conversación se establece desde una creativa discrepancia: Nietzsche construyó su filosofía en pugna con el cristianismo, mientras que Carmen Palomo deja entrever que esa forma de espiritualidad impregna su centro más profundo.

Hay una categoría fundamental que comparten ambos: LA VIDA. Pero no la vida como esa fuerza que se impone fatalmente, ni como eso que Schopenhauer denominó 'la voluntad', sino también la vida de los aledaños, de los rescoldos, de los estertores, la vida pobre, la vida oculta., la vida de los heridos, de los solitarios, de los perdidos., la vida de todos nosotros condensada en unas líneas efervescentes que nos hablan del temor y de esa exaltación del animal que nos habita.

Pero también hay un eje central presente en numerosas partes del libro y que yo comparto: la violencia como condición esencial de cuanto existe («Vivir es devorar. La vida / un traficar de dientes. / Creían que era música de astros / pero es sólo, el espacio, / sonar de un deglutir.»; «. el campo de batalla que escondemos todos bajos las uñas»; «. el hambre es ciega»). El necesario sufrimiento y muerte de unos seres para que otros tengan vida (Schopenhauer de nuevo: el padecer del devorado es infinitamente superior al placer del que lo devora, que también acabará siendo devorado por otro ser o por la propia naturaleza, la vejez, la enfermedad.). Pero el cambio de perspectiva que la autora aborda aquí lo es todo: la vida arrebatada es la contribución a un dolorosísimo absurdo universal, pero la vida entregada, se llena de sentido.

Este punto de vista (que, debo reconocer, me cuesta bastante compartir) se presenta como una apertura esperanzada a una plenitud de significado y de belleza, a pesar de las numerosas contradicciones sobre las que tenemos que caminar.

Hay, en este conjunto de poemas, momentos en los que prevalece un discurso más filosófico con fuerte componente simbólico (sobre todo en la primera parte), que va dando paso a poemas más intimistas y emocionales («Lo que somos es más que lo que somos / aquello que quisimos y se tragó la aurora. / Aquello que no fuimos y nos devuelven hoy / la piedad y el silencio»). Pero ambos elementos nunca están del todo separados («Y para rebelarme humillo mi cerviz, miro hacia abajo. / Es un arma terrible la mirada inclinada. / Es el arma terrible de los hombres.»).

Creo que la esencia del libro queda bien reflejada en esa parte final que Carmen titula 'Epílogo Intempestivo': «Qué extrañeza vivir y qué extraña la vida (.) Decir sí, hasta que vivir no sea una equivocación (.) Ese filo por el que caminamos y es la única vía transitable.»

Ya sólo añadir que el mejor sitio para sumergirse en la lectura de este libro es:

https://issuu.com/hebel.ediciones/docs/2016_-_glosas_al_fuego_-_cp

o, en su defecto,

http://www.academia.edu/28534807/Glosas_al_Fuego_Glosse_al_Fuoco_Poes%C3%ADa_Carmen_Palomo_2016_

en ambos encontrará una magnífica edición bilingüe, español/italiano, de una joya literaria en su vertiente poética.