Las Provincias

¿DÓNDE ESTÁ BOB?

El galardonado Bob ha hecho un Dylan, ha desaparecido y ha ninguneando el premio Nobel que le han otorgado. No sé bien si es un desprecio por su parte, una manera de hacer patente su protesta ante lo establecido o simplemente que el cantante al que las respuestas se las llevó el viento ya está por encima de todo. Incluso de los codiciados galardones. Lo malo es que los que creemos que su poesía urbana merecen el galardón, nos podemos sentir algo desolados porque no tendremos la oportunidad de escuchar su discurso previo a la ceremonia de la entrega de los galardones en la sala de Conciertos de Estocolmo, en el que saldría con su guitarra cantando, por ejemplo, 'Like a Rolling Stones'.

Aunque en verdad, no debe ser esto algo que preocupe a sus admiradores, ni tampoco que deba llenar de gozo a los renegones que consideran erróneo premiar a este juglar del siglo XXI con un Nobel. No debe hacer que ni unos se rasguen las vestiduras, ni otros suelten sus risitas bajo la mesa porque, igual que Dylan no estará, otros muchos merecedores del galardón tampoco. Personas anónimas, que podrían protagonizar las canciones de Dylan, a las que nunca nadie nominará. No estará ese médico que, en este instante en el que lees, está operando a vida o muerte a un joven al que le falló el corazón; ni la mujer que mantiene su dura batalla contra el cáncer y lo someterá. No estará ese policía que se jugó la vida apostándose ante la cornisa de un rascacielos para evitar que un desahuciado se precipitara con sus penurias; ni el voluntario que abrigó a un bebé que naufragó en una patera en ese Mediterráneo insolidario. No estará el pequeño que escribió la mejor obra literaria de todos los tiempos y que fue una carta a su abuelo a quien le habían salido las alas y se había marchado al cielo; ni la anciana que renuncia a cenar para que coma su nieto algo que le permita afrontar sus días. No estará ese particular Nobel de Economía que cuadra las cuentas imposibles de una casa en la que son cinco de familia y el paro como medio de vida; ni el joven que soñó con ser psicólogo y acabó, él y sus estudios, deambulando por la nada a la espera de que alguna puerta a la que llamó se abra.

No estarán nuestros premios Nobel de lo cotidiano: el tipo más solidario del barrio, la madre que hace equilibrios con los números, el que inventó el cinturón de seguridad, el que pasa las noches en vela buscando la fórmula secreta que pueda mejorar la vida de aquellos a los que se les esfumó la memoria. Nadie de ellos, que podrían ser versos de una canción de Dylan, estará en Estocolmo. Aunque todos seguirán mereciéndolo. Como el cantante que luce sombrero a lo Walt Whitman y toca una guitarra llamada Rimbaud. Besos.