Las Provincias

TODOS SOMOS BOB DYLAN

Bob Dylan ha ganado el premio Nobel de Literatura. Es la primera vez que se distingue con este galardón a un cantautor, pero también es una forma de reconocer aquella revolución cultural de los años sesenta. Esa que llevó a Dylan y a su música por bandera, ya fuera con sus propias creaciones o con todos aquellos artistas contemporáneos que bebieron de él como una esponja, como los Beatles o Jimi Hendrix. Aunque el debate que ardía en las redes sociales el mismo día del anuncio era si Dylan merecía dicho premio, lo que parece preocupar ahora es si lo quiere. La Academia Sueca lleva varios días llamándole sin obtener respuesta alguna. O Bob Dylan pasa del Nobel o se está haciendo el interesante, como cuando te envía un mensaje la persona que te gusta y tardas deliberadamente más de lo normal en responder, mientras tu orgullo se relame. Así que, si Dylan no contesta a la Academia, es posible que sea por una de esas dos opciones: o es un adolescente enamorado o ha entrado en modo bicho bola y no quiere saber nada del mundo. Tiene su rancho, su armónica y sus todavía celebrados conciertos y a estas alturas de su carrera ya no necesita nada más. Sea cual sea la opción correcta, todavía no está claro si va a aceptar el premio Nobel. ¿Pero quién puede culparle? Todos hemos sido Bob Dylan en algún momento, echándonos para atrás cuando queremos esquivar un plan con unos amigos o evitar hacer ciertas cosas que no nos apetecen. El de 'Blowin In The Wind' ha optado por el silencio absoluto. Nosotros muchas veces nos desviamos por un «ay, no te había leído» o un «perdona, no me acordaba de que había quedado, pero vamos hablando». Lo bueno de Bob Dylan es que él no tiene excusa que le puedan descubrir. Eso, y que es un Nobel, y no una cena con los suegros.