Las Provincias

SAFARIS HUMANOS

Normalmente es muy cuidadosa a la hora de planificar sus viajes. Pero con su luna de miel fue diferente y decidieron delegar. Con el viaje a Tailandia, la agencia les regaló una excursión al Triángulo del Oro. Una zona natural de conflictos entre Tailandia, Birmania y Laos que, durante años, se ha disputado el control del tráfico del opio. Partieron de Chiang Rai, viajaron por el río Mekong y después un largo trayecto en camioneta llegaron a uno de diferentes poblados de la montaña: el de las mujeres jirafa o Padaung, pertenecientes a la tribu Karen. No les preguntaron. Se daba por hecho. Llegaron como a una especie de parque temático en el que había un parroquiano jugando al Candy Crash en un iPad de pega y el guía les instó a pagar unos cuantos bats. Ellos, que se había quedado con las ganas de ver a los elefantes de Chiang Mai porque su chico, inflexible, le convenció que esas prácticas fomentaban el maltrato animal, se encontraron realizando un safari humano: el de las mujeres conocidas por la superposición de aros de cobre alrededor del cuello. Salieron con una sensación de desolación total. No hicieron ni una foto. Las mujeres les sonreían y trataban de vender su artesanía. Desde 2008, ACNUR recomienda a los turistas que ejerzan un turismo responsable. En cambio, las Padaung defienden su derecho a sobrevivir con el dinero de las entradas. Unos bats (unos 10 euros al cambio) por entrada que han de compartir con el guía y el líder de la tribu. Desde la mentalidad occidental es sencillo echarse las manos a la cabeza y demonizar una estructura que entre todos hemos creado. A las Padaung, en su mayoría refugiadas, no se les permite trabajar en Tailandia. Posando para la foto, al menos, sus hijas pueden ir al colegio. Y tener la opción de salir del zoo.