Las Provincias

La foto y la palabra

No dejemos nunca que una foto valga más que la palabra». No es un comentario anacrónico, alejado de la realidad virtual en la que nos movemos. Tampoco es un exabrupto de quien desconoce el poder de la imagen o lo teme. Ni siquiera lo dice un candidato a Premio Nobel de Literatura, asustado por si la Academia sueca concede el galardón a un 'Iger', de los que cuelgan sus fotos artísticas en Instagram. La frase es de la presidenta del Congreso de los Diputados en el rifirrafe de ayer en la Carrera de San Jerónimo. Desde que entró «la gente», se acabaron las debates; ahora tenemos tertulias de televisión con mucha bronca y pocos minutos de publicidad. Al parecer, la «casta» era más del UHF y debates eternos al estilo Balbín. Cosas del blanco y negro.

La presidenta Ana Pastor hizo ese alegato a favor de la palabra cuando los de la gente se levantaron para protestar por los CIE haciendo una de sus muchas apelaciones a los textos fundacionales, en este caso, la Declaración de los Derechos Humanos. Es una pena que entre esos textos nunca incluyan la constitución que nos trajo la democracia durante el más largo periodo de nuestra historia. Al contrario, la Constitución del 78 es sospechosa para los de Iglesias por emanar de los rescoldos del régimen, como si la declaración de Derechos del Hombre no estuviera manchada de la sangre que caía de la guillotina en París y la de Derechos Humanos, de los millones de víctimas de dos contiendas mundiales vergonzosas en Europa. La reclamación de soluciones humanitarias para los miles de inmigrantes que llegan a España y son recluidos en cárceles no catalogadas como tales no implica el show nuestro de cada día pero los de Iglesias lo necesitan. No escribo 'los de Podemos' porque mucho me temo que no sea exacta la referencia. Los que cambian la palabra por la imagen del niño, del puño o de un beso y una flor son los del 'Niño de la Coleta'. El otro, el auténtico, tiene más inteligencia emocional, más sentido de la estrategia y un hígado más controlado. Errejón es el listo que ya ha calado al sistema y sabe cómo lograr afianzarse a su tiempo y sin estridencias.

La presidenta Pastor también ha calado a «la gente» y reclama, como es de rigor, que el Congreso sea el templo del argumento, no del meme. Por eso recriminó a Iglesias su comportamiento cansino y extraparlamentario. Exigió que se ofrezcan posiciones y razones para apoyarlas, no eslóganes y gestos que arranquen el aplauso. La diferencia es sustancial. Lo primero ayuda a pensar; lo segundo, lo evita. Iglesias, sin embargo, ya mostró hace unos días su escepticismo con la capacidad de la palabra para lograr un cambio social. Él prefiere el grito de los estudiantes que impide una conferencia antes que la pregunta comprometida que exige una respuesta en ella. Una imagen vale más que mil palabras, dice el clásico, pero una palabra abre más cadenas que un gesto calculado.