Las Provincias

COMPLICADO, EXCELENTE 'TABÚ'

Hice tres intentos hasta que vi uno de los episodios de 'Tabú y al final, la muerte', el espacio de reportajes que conduce Jon Sistiaga en #0. Al final conseguí, no con poco esfuerzo, ver el capítulo dedicado al suicidio. Es estremecedor. Me parece imposible que alguien quede impasible al escuchar los testimonios que dan cuenta de una tragedia de la que se habla muy poco en nuestro país. Pese a que el número de suicidios en España duplica al de los muertos por accidentes de tráfico. Pero existe un tabú respecto a las personas que se quitan la vida, esas que deciden retirarse antes de tiempo. De ahí que el título del programa resulte tan apropiado.

El espacio de Sistiaga es pausado, directo, sincero. No se recrea en el cómo y tampoco en el por qué. Pone el foco en las personas afectadas por la muerte, en el modo en que repercute en ellas la desaparición de una manera tan abrupta de alguien cercano. El periodista les deja hablar, no fuerza su testimonio, no busca titulares impactantes. Los entrevistados se sienten cómodos, pese a la crudeza del tema que están tratando. Este clima ayuda para que expliquen bien las circunstancias que rodean a los suicidios, las formas en que se pueden gestionar estas pérdidas. Podría pasarle a usted, podría pasarme a mí. Esa es la terrible sensación que queda tras ver este espacio. No habla de vidas ajenas, sino de realidades con las que convivimos y que no queremos ver. 'Tabú' se aproxima esta temporada a la muerte desde puntos de vista que no suelen merecer demasiada atención. Habla de la eutanasia o del derecho a morir dignamente, asuntos complejos a los que no es sencillo enfrentarse. Ni para el periodista ni para los espectadores. Requiere un esfuerzo por ambas partes. Un espacio de estas características nunca contará con audiencias astronómicas ni conseguirá 'trending-topics' durante sus emisiones. No es lucido en ese sentido. El programa ha sido galardonado con un premio Ondas, que para Sistiaga y su equipo es una buena recompensa. Ahora se merecen otro Ondas los espectadores que contienen el aliento y se atreven a sentarse en su sofá a contemplar un formato complicado de digerir.