Las Provincias

'Quién manda en Valencia' es evidente

No me extraña que el alcalde de Zaragoza esté cada dos por tres por aquí. En algunas cuestiones están atradísimos en la capital aragonesa. Fíjense si estarán atrasados que el Grupo de Estudios Metropolitanos A Zofra lleva casi dos años enfrascado en una investigación sobre 'Quién manda en Zaragoza' y aún no ha conseguido acotar cuáles son las famosas «cincuenta familias» que cortan el bacalao a la sombra del Pilar. Aquí, en cambio, es un secreto a voces. El que no conoce «los vínculos entre políticos y empresarios» y es incapaz de «determinar quiénes son las personas más influyentes y las relaciones que hay entre ellas», como escribía el otro día una colega en El Periódico de Aragón, es que no está en este mundo. O mundillo, que todo es posible. De ahí que nigún departamento universitario haya sentido la necesidad de crear equipos específicos de análisis o de impulsar tesis sobre esta cuestión. ¿Para qué van a imitar a la Fundación Civio, a la británica mySociety o a la estadounidense Sunlight Foundation si el que más y el que menos recita el Ghota económico y económico-político valenciano de carrerilla? El poder fáctico valenciano entendido a la manera del profesor Coppedge, es decir: con capacidad de influir sobre la maquinaria administrativa y otros actores estratégicos de la sociedad, constituye una pirámide que no precisa de georadar alguno. Como se hace cada vez más patente, en la cúspide está el industrial y mecenas Juan Roig. Él es el indiscutible rey de reyes. No porque esté más alto que ningún otro paisano en la clasificación de Forbes, sino porque la calificación de primus inter pares autóctono se le queda chica aunque se le aplique en el sentido de jefe extraoficial de los demás, ya que nadie es igual que él a este lado de Almansa. El resto, mal que le pese, está por debajo y, si procede, literalmente a sus órdenes. No hay más que ver a quién recibió Ximo Puig fuera de agenda nada más tomar posesión, antes incluso que a Goirigolzarri (Bankia) y a Eugenio Calabuig (Avsa). La nota oficial del encuentro carecía de interés salvo por una precisión: la de que se trató de «una visita informal». La foto, por el contrario, era un libro abierto. Un manjar para los aficionados a la semiótica de la imagen. Nada de uno aquí y el otro allá esquinados. Los dos sentados en el mismo sofá con el brazo recostado sobre el respaldo. Talmente como Aznar y Bush allá el rancho grande, allá donde vivía, pero sin poner los pies encima de la mesilla.

Completar la relación de personas influyentes en la CV no es más complicado. Basta con mirar el listado de empresarios invitados a participar en la misión comercial pro Utor (y Matutes) a Cuba. No están personal o vicariamente todos los que son, pero los que están son.