Las Provincias

Asombros

Dicen que una semana de estas podría haber por fin Gobierno... pero yo no concibo esa razón. En realidad, cuando llevamos más de trescientos días de provisionalidad, lo que causa maravilla es comprobar que vivimos en una especie de anestesia colectiva, un estado de feliz hibernación en el que ya va dando igual lo que el destino nos reserve en materia política. Desde finales de septiembre, un gran partido español, el PSOE, comenzó un proceso de autodestrucción en el que sigue empeñado y del que no sabemos si este domingo va a salir herido nuevamente.

De modo que lo que asombra, porque es asombroso, es que unos nueve mil empresarios españoles hayan sido llamados a desembolsar un adelanto del 70% del impuesto de sociedades y que lo estén haciendo de forma obediente y disciplinada -no les queda otra, es obligatorio y el plazo termina hoy- hasta reunir los 5.800 millones de euros con los que España salva la cara del déficit ante Bruselas, que se estaba enfurruñando con nosotros.

Maravilla, en efecto, comprobar cómo la que siempre ha sido llamada «todopoderosa patronal» esté cumpliendo sus deberes, tan devotamente, y sin embargo las administraciones públicas no solo no se avengan a reconocer que el momento financiero español sigue siendo muy complicado, sino que, desde una carencia de recursos reconocida y gravísima, sigan haciendo órdagos y apuestas sin el menor atisbo de austeridad, como el de la pretendida Radiotelevisión Valenciana pública... manía política solo abordable mediante el pago de una tasa anual por familia, siempre que se haya producido un total desenredo de la maraña judicial pendiente.

Todos, desde las universidades a los tribunales de Justicia, saben que los costes de la maquinaria pública se tienen que reducir mucho, muchísimo más; y que los precios de los servicios públicos, en el futuro, habrán de ser paulatinamente cercanos a la realidad. Todo está escrito y es materia bien conocida de los partidos: desde el necesario y urgente fomento de la natalidad hasta que la crisis europea tiene como telón de fondo el insoslayable problema de la inmigración que nadie quiere abordar, las cartas lucen ya sobre la mesa. Todos los partidos conocen la fecha en que Podemos sacará a los suyos a la calle, para desestabilizar, y todos han hecho secretos cálculos sobre dónde se podría y no se podría gobernar sin nacionalistas y sin populistas, en un escenario necesariamente nuevo. El acercamiento y la colaboración de dos grandes partidos llenos de cicatrices y errores, la vuelta genérica al bipartidismo y su mutuo perdón, es algo que todos entienden bien.

Pero en España cuesta mucho cerrar filas en torno a proyectos nacionales, se hace imposible mostrar proximidad a los problemas del otro y los partidos se han configurado, a lo largo del siglo XX, como una estructura fósil, separada de la realidad práctica, que es incapaz de vislumbrar cuándo hay un bien común aguardando.