Las Provincias

Susana Godesberg

El Partido Socialdemócrata Alemán tuvo su gran revolución interna en el congreso de Bad Godesberg de 1959. Allí abandonó la definición marxista para dar luz a una nueva formación que luego gobernaría durante muchos años la República Federal. Lo que hizo siempre con sentido de estado. Porque cuando perdió las elecciones, pero su concurso era necesario para sacar adelante el país, no puso obstáculos para gobernar en coalición con la derecha democristiana. Hoy mismo sucede eso, algo impensable en España, el país del cainismo político.

El PSOE tuvo su particular Bad Godesberg en 1979, cuando también abandonó las tesis marxistas. Fue un gran trauma interno, pero el partido salió adelante porque contaba con un gran líder, Felipe González. Lo que ahora no existe. Porque un gran líder sabe llevar a su grey a la tierra prometida. Y González lo llevó a cuatro victorias consecutivas. Ahora nos encontramos ante otro gran reto histórico. Porque la abstención para que gobierne el PP -eso que tanto desangra al PSOE, en gran medida debido a la vergonzosa tolerancia de los populares ante una corrupción tan bárbara como cínica- ha de ser el primer paso para una rápida revolución. Para otro Bad Godesberg. Donde los socialistas tendrían que decir adiós a sus complacencias con el populismo radical, y a su tolerancia con el secesionismo y con sus muchas y complejas variantes. Dos distorsiones que expresan la lamentable herencia de Zapatero tanto en materia territorial como en su peligroso adanismo, al que tan aficionados son muchos hijos de papá.

El PSOE tiene que bajar a la arena de la claridad. Si no lo hace, corre el riesgo de quedarse en un partido de resignación y desengaño. Los socialistas, para ser la fuerza de gobierno que España tanto necesita, han de solemnizar su 'no' a esas dos indigencias intelectuales. O el PSOE se rehace huyendo del populismo y del nacionalismo radical, o naufraga para muchos años. Es imprescindible una gran revolución interna. No es momento de paños calientes, ni de aplazamientos suicidas, sino de energía y valor. Que un nuevo líder o lideresa debe impulsar. Sin descartar crear un PSOE de Cataluña, vista la deriva insufrible del PSC, cada día más perdido y perdedor. Por mucho que baile. El partido de los catalanes privilegiados en la cúpula y del pueblo en la base.

Ese cambio también llegará a Valencia por mucho que Ximo Puig no quiera ni pensarlo. Pero es evidente que Podemos es, y va a ser cada vez más en los próximos meses y años, el gran rival del PSOE, al que quiere destruir. Y no se puede gobernar con la abstención de quien quiere liquidarte. Tal vez tampoco con quienes mantienen vínculos, al parecer solo afectivos, con quienes quieren destruir el Estado desde Cataluña.