Las Provincias

Salvados por Lalo Martínez Alonso

Su historia se ha conocido públicamente gracias a que su hija, la antropóloga y escritora Patricia Martínez de Vicente, encontró su diario en inglés mientras desmontaba su antigua casa del barrio de Chamberí de Madrid en el año 86. El título del diario era '1942'. A partir de ese momento, Patricia fue reconstruyendo la vida secreta de sus progenitores.

Ni su padre ya fallecido, ni su madre, Moncha, aún viva en ese momento, contaron jamás un detalle sobre este médico, con aspecto de galán, que a partir del año 40 comenzó a trabajar para los servicios de inteligencia ingleses, el M16, compatibilizando esta labor con la de médico de la embajada británica en Madrid. Era el agente 055A.

Desde esta colaboración comenzó a visitar en el año 40 el campo de concentración de Miranda de Ebro, donde el gobierno del general Franco recluía a los refugiados judíos que huían del holocausto nazi. Pero Lalo no sólo los trataba como médico a través de su cargo en Cruz Roja y de la embajada británica en Madrid, sino que compartiendo el coche del embajador con matrícula diplomática los trasladaba a Madrid con la excusa de ser mejor tratados médicamente y ahí continuaba su aventura humanitaria.

Su primer punto de descanso en Madrid era, nada más y nada menos, que la elegante cafetería Embassy de la Castellana en donde aprovechando la 'neutralidad' española los miembros de la embajada alemana y la británica tomaban el té o whiskys acompañados por una suave música de piano. Eso ocurría en la planta baja, al mismo tiempo que la propietaria del local, Margarita Taylor, atendía a los judíos que el doctor Martínez Alonso le enviaba en el primer piso.

En pleno barrio de Salamanca, los refugiados, la mayoría polacos, descansaban, comían, se aseaban en el piso privado de Taylor y esperaban el siguiente paso preparado por Lalo Martínez Alonso: trasladarlos hasta su finca en Redondela (Pontevedra) en el maletero de un coche. Se calcula que más de treinta mil personas refugiadas pasaron por la conocida cafetería a lo largo de toda la II Guerra Mundial en donde siguen tomando té con pastas numerosas vecinas del barrio de Salamanca.

El tercer paso del conocido médico, con la ayuda de marineros de la zona, era trasladar a los refugiados a Portugal.

El último paso era certificar su falsa muerte.

Pero la Gestapo siguió los pasos de Lalo Martínez Alonso, en una España de Franco en donde la relación con la Alemania nazi era muy íntima. Avisado por sus compañeros del MI6 que lo perseguían, tuvo que huir con su mujer Moncha a Londres, donde continuó sus actividades humanitarias entre la Cruz Roja y la embajada y nació su hija Patricia, la escritora que durante años ha ido recopilando paso a paso sus odiseas.

En estos momentos el doctor Martínez Alonso, que operó en España el primer cáncer de pulmón en 1946, sería centenario, pero nadie conocería al Schindler español sin el trabajo minucioso de su hija que en varios libros fue explicando sus hazañas que finalmente fueron reconocidas públicamente por el Gobierno británico con el King George Medal for Courage.

«Mi padre regresó en 1946 a España con mi madre y conmigo sin ser represaliado gracias a los acertados manejos internos de unos renovados agentes del M16 británicos, instalados en Madrid, que supieron manipular su situación familiar, sin mentir en ningún momento, utilizando sus orígenes uruguayos», comenta su hija Patricia Martinez de Vicente.

En 1954 abrió su consulta privada en el Hotel Castellana Hilton atendiendo a empleados y clientes. Así conoció y trató a Ava Gardner o Sofia Loren, entre otros muchos actores de Hollywood, durante sus rodajes en España.

Lalo se merece un reconocimiento público como lo han tenido otras muchas personas que ayudaron en su día a salvar a judíos en los años 40. Unos saltaron a la fama a través del cine o de novelas, otros a través de historiadores.

Se calcula que al final de la II Guerra Mundial más de trescientos mil refugiados, en su mayoría judíos, huyeron, a través de España, al ser perseguidos por los nazis cruzando por más de cien pasos clandestinos de los Pirineos, según informes confidenciales de la Cruz Roja británica.

Lalo y Moncha descansan en el cementerio de San Isidro de Madrid donde los enterró su hija. El actual Comisionado, nombrado por el Ayuntamiento para la recuperación de la Memoria de la Ciudad de Madrid, debe tener en cuenta a esta figura histórica y el papel que desarrolló.