Las Provincias

PACO ALCÁCER

Vuelve Alcácer, que pasó de icono a demonio. Ya dije en su día que estábamos ante una mala operación deportiva aunque buena en lo económico para el Valencia. Paco es suplente en el Barça y cuando juega la ansiedad le está superando ante el gol, pero el gol ha desaparecido de Mestalla con su salida. El Valencia solventó sus problemas económicos pero no los deportivos. Munir es un buen jugador pero no es un nueve. Bueno, de momento ni es nueve, ni ocho, ni siete. El club tenía gratis a uno de los delanteros con más presente y futuro del fútbol español que además era indiscutible en la selección. La excusa de su mala temporada pasada no vale porque fue mala de todos. Luego ya está la calidad de cada uno más allá de la temporada. Mustafi no la tiene y con un mal año se fue por cuarenta millones. Paco lo es por más que no rindiera en el Valencia de entonces ni en el Barça de ahora. Otra cosa es su salida. Paco no lo hizo nada bien y mantengo que no estuvo bien asesorado. Se marchó un valencianista de corazón que por sus actitudes llegó a parecer todo lo contrario. Eso es responsabilidad de Alcacer y no lo voy a defender. Era el emblema de la gente y no se comportó a la altura de las circunstancias. Pero, a la hora de señalar con el dedo público, me entristece pensar que aquí el único malo de la película sea Paco y que eso se traduzca en pitos por doquier el sábado si juega. Porque el dedito acusador debe señalar a todo el mundo. Y yo no he visto ningún pito al club que, en lugar de proteger a su capitán y valenciano, actuó quitándole el brazalete primero y loco por la venta después. «No queremos vender a Paco», leía la presidenta en la convención de peñas. ¿Pero no queremos venderlo o es que no van a venderlo?, le preguntaban después a García Pitarch. «Eso son tertulias de bar. La presidenta lo dejó muy claro», contestaba el director deportivo. Fíjate tú por donde, lo acabaron vendiendo. El periodismo y sus bobadas. Máteme, pero no me mienta, que decía el gran Aragonés. Aquello, lógicamente, era una estrategia bien pertrechada: presión pública a Alcácer para que pida salir ante una oferta real que al club le interesa y lavarse así las manos ante la opinión pública. La historia terminó en una venta con culpables por todas partes. Yo no le pitaría en Mestalla. Me parece que ha dado mucho más al Valencia que lo que acabó restando en su salida. Pero también entiendo el dolor que a muchos les cause la presencia de su icono con la camiseta del Barça. Allí ganará muchos títulos, dinero y partidos aunque la mayoría no los juegue. Pero el cariño, el respeto y la condescendencia en los malos momentos que el valencianismo tendría siempre con él, no lo encontrará nunca en Barcelona. Y por lo que se ve, en la selección tampoco, por mucho que alguien le dijera que estando en el Barça habría ido a la Eurocopa. Ahora, ya no va ni convocado.