Las Provincias

Yo no más nada

Por favor, ¡basta ya! Después del esperpéntico desfile de modelos, a no imitar, que se viene celebrando durante los últimos días en la Audiencia Nacional, sólo faltaba volver a escuchar el trillado «y tú más». Esa posdata política, de oratoria simplona, recurrente y cómodamente pronunciable, está a la misma altura que algunos políticos de este país, pero no caigamos también nosotros en la despreciable tentación de verbalizarla. Atrozmente, y casi sin darnos cuenta, hemos pasado de condenar la corrupción a comparar las podredumbres en términos puramente económicos y de color ideológico. Hemos aceptado, así, lo cuan paisanos que son esos infames delincuentes de guante blanco.

Pues yo reniego de parangonar a unos con otros. Me producen todos por igual la misma aversión y asco, sean de izquierdas o de derechas, hagan carrera como exministros, consejeros o sindicalistas, sean garantes de la prevaricación o del cohecho. Hasta ahí podíamos llegar. Sin embargo, hemos llegado. Hasta el punto en el que nosotros mismos avalamos su necio razonamiento e incluso lo utilizamos, sin que nos tiemble un ápice la voz, de argumento en las riñas políticas domésticas. «Si tú me dices Gürtel, yo te digo ERE». Por no hablar de aquellos que se atreven a emplearlo mirando a cámara y vanagloriándose de ser tertulianos de alto caché, mientras a mí, al otro lado, se me cae la cara de vergüenza ajena y me tengo que resignar a abuchear a la pantalla.

Pero no, yo no más nada, porque ni formo parte de esa gran estafa no americana, ni me da de comer una banda organizada. Tampoco trago con que unos sean menos pérfidos que otros por enumerar entre sus filas a cinco o a veinte investigados, ni creo que malversar en Andalucía entrañe menos que hacerlo en Valencia. Porque la corrupción es eso, co-rrup-ción, en todas partes.