Las Provincias

Afán recaudatorio

Ahora que se habla tanto del impuesto a restaurantes y terrazas de bares, quiero traer a colación lo ocurrido en un local de muy grata memoria y en un pueblo del que no quiero acordarme por lo que ahora les diré.

Les cuento. A la hora de pagar la consumición nos encontramos, adjunta a la factura, la leyenda que a continuación transcribo en su integridad: «Nuestros clientes nos ayudan a pagar lo siguiente: impuestos de empresa, contribuciones fijadas a las sociedades anónimas, aranceles, impuesto al consumo, impuesto sobre la renta, contribuciones para pensiones, derechos de licencia, gravámenes de importación, cuotas de la seguridad social, impuesto de compras, gravámenes sobre utilidades, tarifas, descuento en asignaciones para inversión, impuestos de empleo selectivo, sobretasas, sobrecargo provisional de importaciones, tarifas de agua, impuestos de vinos y licores, seguros de local y clientela. Y otras gabelas que se puede ingeniar nuestro Ayuntamiento. Con lo restante pagamos a nuestros abastecedores, logramos ganarnos la vida y retribuir a nuestros empleados». Por eso les digo que el recuerdo del restaurante, muy bueno. Calidad, precio y servicio. Clientela obrera. Pero...

Al recoger el coche, que habíamos aparcado en un solar, nos encontramos una multa. Regresamos al restaurante y le dijimos al dueño: «Nosotros, como usted, también colaboramos en esos impuestos». Y contestó: «Este Ayuntamiento de la más pura izquierda tiene una señal, que apenas se ve, de prohibición de aparcamiento. Este es el llamado Ayuntamiento del cambio y progreso, y no le importa que 'su gente' pague más impuestos.