Las Provincias

La abstención se abre paso

El presidente de la comisión gestora socialista, Javier Fernández, un personaje sobrio que sobrelleva con evidente preocupación el encargo envenenado que ha recibido, planteó ayer ante los diputados y senadores del grupo parlamentario socialista la disyuntiva que el partido tiene que resolver, sabiendo que «ninguna solución es buena». Todo indica, tras las numerosas intervenciones que se produjeron, que la abstención en una nueva investidura de Rajoy se abre paso en el seno del PSOE. En realidad, el dilema que ha de resolver la dirección provisional es el de permitir que gobierne el Partido Popular en minoría o forzar unas nuevas elecciones generales que serían desastrosas para los socialistas. Evidentemente, después del golpe de mano del 1 de octubre en Ferraz, el crédito del partido está por los suelos, por lo que sería muy imprudente someterlo al escrutinio popular. En definitiva, el PSOE no tiene más remedio que inclinarse hacia la rabstención. Fernández fue realista en la atribución de responsabilidades puesto que reconoció que fue el partido en bloque el que decidió por unanimidad el 'no' acordado en el comité federal del 28 de diciembre, y ratificado por el siguiente comité federal, ulterior al 26-J. Reconoció el presidente de la gestora que quienes formularon aquella negativa pensaban en su fuero interno que se iría deslizando hacia el «de entrada no» que posibilitara mayor libertad de movimientos. En cualquier caso, sigue siendo difícil de explicar que un cambio de posición haya de resolverse mediante una implosión descontrolada que ha debilitado hasta la extenuación el partido y ha generado enemistades internas difíciles de restañar. El PSOE tendrá ahora que implementar la decisión que adopte el comité federal de este fin de semana, de forma que no agrave las heridas ya abiertas. La abstención técnica de once diputados no parece una solución solvente, aunque podría tener algún sentido para no agrandar las heridas una cierta libertad de voto que asegurara la investidura de Rajoy y posibilitara la ausencia de algunos diputados, como los del PSC. Sea como sea, el PSOE está materialmente destruido, como ha reconocido Fernández, y el futuro congreso de la reconstrucción tendría que obrar prodigios para devolverle la entidad y la solvencia y para evitar que Podemos se arrogue con más o menos razones el liderazgo de la izquierda.