Las Provincias

Señales de alarma

El Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza confrontó ayer a los ciudadanos de la Unión Europea con una realidad que, según Eurostat, afecta nada menos que al 23,7% de la población comunitaria y al 28,6% de los españoles. Que Europa haya logrado volver a la tasa de riesgo de pobreza y exclusión social que presentaba antes de la crisis, tras alcanzar el 25% durante la misma, no es una noticia especialmente alentadora. Ha de tenerse en cuenta que tales porcentajes reflejan una realidad muy desigual, dado que la situación en los países de la ampliación europea -Polonia, Rumanía y Bulgaria- se halla a gran distancia del núcleo originario de la UE, con diferencias del 40% al 5% de población en riesgo de exclusión. En ese sentido la media europea resulta engañosa. Pero advierte de que era extraordinariamente alta en vísperas de la crisis, y de que la recuperación está siendo demasiado exigua como para que la Unión se sacuda el problema, aunque pueda apreciarse una muy relativa mejora en determinados países. Dentro de ese cuadro general destaca en negativo la situación en España, donde el riesgo de pobreza y exclusión afectaba al 23,8% antes de la crisis y hoy alcanza al 28,6%. En 2008 España representaba la media de una Unión muy desigual, mientras que ahora se sitúa claramente peor. Casi cinco puntos de incremento en el riesgo de pobreza que dan cuenta de dos hechos: el impacto social de dos recesiones consecutivas, y una reactivación que si bien ofrece tasas del 3% de crecimiento no beneficia del mismo modo a todos los sectores sociales. Si la crisis generó graves dificultades a las capas más desfavorecidas de la sociedad, su salida contribuye a agudizar las desigualdades, tanto desde el punto de vista social como en cuanto a las perspectivas de las distintas comunidades autónomas. Los datos de Eurostat obligan a una lectura socialmente más sensible de las previsiones de crecimiento para nuestro país. Porque está claro que ni conducen por ahora a un cambio de modelo productivo, ni propician una distribución más justa de rentas. Hay demasiados hogares que no llegan a un mínimo confort como para jactarnos de que España crece por encima de la media europea. Lo hace, pero a costa de crecer también en desigualdad.