Las Provincias

MONTES DE COMPASIÓN

Todos los montes no son orégano. Los hemos tenido, que ni orégano, ni rocas, ni pinares, ni riachuelos. Eran montes fraternos. Muy cercanos, para gentes en apuros. Tanto, que como apellido, ostentaban la virtud compasiva y se llamaban montes «de piedad».

Aunque, para mostrar el nuestro, en Valencia, decidimos alzarle un edificio gallardo, con la mayor altura que podía dominar -hace más de ochenta años- todos sus alrededores, mediante muy destacada presencia. Aquello, era y es, un monte encumbrado, con su docena de columnas, por los bajos, alineadas sin tocar tierra. Y con espacio para un interior de oficinas, despachos y salas, capaces de presidir todo el engranaje de nuestra veterana «Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Valencia».

Al exterior, arriba, seguían más estancias y oficinas, balcones al exterior, un reloj por lo alto de la esquina. Y un torreón culminando así, de forma un tanto apìñada, el edificio, sede de la benéfica entidad. Que, pasada la guerra civil, y más y más años, acabó trasladando su contenido bancario y su significado histórico de entidad benéfica, a la calle de Pintor Sorolla, entre palacetes de siglos pasados y circulación rodada de viva actualidad.

Uno y otro edificio, se complementan para dar servicio amplio, sin reducirse a las orientaciones benéficas de tiempos anteriores, cómo entronizando además, en la sede de la Glorieta y Tetuán, sus exposiciones de arte, con ambición amplia, y sus espacios de biblioteca y estudio, para las nuevas juventudes. O sus tribunas de conferencias y extensión intelectual,en todas direcciones. Eso, está ahí, ampliado con la anexión del edificio que completa su manzana, hasta la plaza de Tetuán.

En la calle estrecha del «pouet» de San Vicente, ese bloque actual de la veterana Caja de Ahorros, tenía una puertecilla secundaria. Por la cual,, decíase antaño, que entraban quienes iban con una pieza de valor, bien abrazada, para empeñarla y salvar así su apuro. Fue, muchos años, una luz en el camino pedregoso.