Las Provincias

Datos contra el populismo

La mejor crítica que se ha hecho al desafío soberanista de Cataluña y a la mentira del «Espanya ens roba» procede precisamente de un catalán, el exministro Josep Borrell, que con datos y opiniones contrastadas rebatió uno a uno los pseudoargumentos en los que los independentistas basan su aventura secesionista. El debate televisivo de Borrell con Junqueras fue apabullante, esclarecedor para cualquier observador imparcial, no contaminado, demoledor para la causa que han abrazado los exconvergentes, Esquerra Republicana y los radicales antisistema de la CUP. Contra la demagogia y el populismo, cifras y estadísticas.

Lo contrario -tratar de combatir con sus mismas armas una tendencia que ha hecho fortuna en amplias capas de la sociedad por la falta de esperanza de muchos ciudadanos y la desconfianza ante fenómenos como la globalización- no hace más que favorecer a los creadores de la corriente. Los electores siempre preferirán el original sobre la copia. Durante los peores años de la crisis, los desahucios fueron la escenificación más palpable de un drama que afectaba a millones de personas, entre los que habían perdido el trabajo, los que temían quedarse sin él, los que veían disminuir su salario, los que se tenían que marchar al extranjero o los inmigrantes que regresaban a sus países de origen.

Con los desahucios se hizo mucha demagogia, porque tan cierto como que los bancos no mostraron ninguna compasión con los clientes (¿alguien esperaba otra cosa?) es que hubo ciudadanos que vivieron por encima de sus posibilidades y compraron pisos que no podían pagar. Daba igual. A la causa ‘progresista’, revestida de un falso humanismo, le venía bien la presa. Y la agarraron hasta no soltarla. De aquellos desahucios llegó la Alcaldía de Barcelona para Ada Colau, la cara visible de la Plataforma, al frente ahora de la segunda ciudad española y próxima promotora de un partido que va a ser clave en el futuro de Cataluña. En Valencia, fue Mónica Oltra quien supo capitalizar la reivindicación, asociando y metiendo en el mismo saco al PP y sus políticas económicas, a los ricos, a los bancos, al capitalismo... Pero, quince meses después de su victoria en las urnas, del triunfo de los ‘ayuntamientos del cambio’ y del bi-tripartito en la Generalitat, la realidad es la que es, no sólo no han disminuido los desahucios sino que han aumentado.

De hecho, la Comunitat Valenciana es la autonomía donde más lo han hecho. ¿Entonces? Si la Administración de Puig y de Oltra no puede hacer nada, ¿por qué criticaban al PP cuando estaba al frente del Consell? Y si puede hacer algo, ¿a qué está esperando para revertir un drama que sigue igual de vigente que antes pero que la izquierda ha decidido sacar del debate por razones obvias?