Las Provincias

PÁRVULOS

Nuestra acomplejada derecha sigue balbuceando en el parvulario de las manipulaciones que salpimentan la cosa política. No aprenden de la sublime capacidad de las izquierdas en materia de agitación y propaganda. A la derecha la empitonaron con el Prestige, la guerra de Irak y los atentados de Atocha. Luego llegaron las decenas de miles de niños malnutridos y, cómo no, los desahucios. La derecha eterna y boba recibió las cuchilladas con semblante de pasmo y tembleque en las piernas. Qué miedito. Pero ahora que manda la izquierda los desahucios han aumentado y mira que prometieron guillotinar el drama de los que se quedaban sin hogar. Claro, no pueden porque eso depende del juez. Pero propinaron una murga terrible y la calle entendió que la derecha no sólo era culpable de arrojar las familias contra el frío del asfalto, sino que además disfrutaba porque la derecha se conoce que practica un sadismo que la tonifica. Las paparruchas que se venden mediante la astuta propaganda de la cháchara hueca y la palabrería pomposa siempre encuentra compradores. Pero estamos acostumbrados al destarifo. Si un incendio devasta el monte cuando el aflanado culo derechista ocupa la poltrona esto se debe a su inutilidad: no limpiaron el bosque durante el invierno. Si las llamas calcinan los árboles cuando el cotarro lo domina la izquierda la culpa es del calor, del feroz poniente, de la pertinaz sequía, del pirómano loco. Lo único cierto desde que aterrizaron las izquierdas al poder mediante sus pactos botánicos es que han seguido enchufando a diestro y siniestro a su flora y su fauna otorgando sueldos a los asesores y que les encanta el coche oficial. Hay más asesores y enchufados que antes y los desahucios no cesan. Pero no importa, ya sabemos que la izquierda es buena por naturaleza y por eso se les perdona.