Las Provincias

Sin ninguna duda

No. Los arquitectos autores del proyecto ganador del concurso para la remodelación de la Plaza de la Reina del año 1999, no tenemos ninguna duda sobre el Proceso de implicación ciudadana que, con el título de 'Participa Reina', se está desarrollando por iniciativa de la concejalía de Participación del Ayuntamiento de Valencia y que, con tanto acierto, está llevando a cabo el equipo de arquitectas Encajes Urbanos.

Como arquitecto coautor del proyecto ganador de aquel concurso, quiero aclarar algunas informaciones que se han publicado y que han podido suscitar equívocos no deseados.

No, no dudamos del proceso. Soy (somos) conscientes de las dificultades de un proceso de estas características en el que se pretende, entre otras cosas, «recuperar el uso ciudadano de la Plaza de la Reina mejorando sus condiciones ambientales, de movilidad, de accesibilidad, de calidad del aire y paisaje urbano». Es por eso por lo que, desde su inicio, hemos participado en el proceso impulsado desde la concejalía de Participación.

Las jornadas programadas se están realizando con total normalidad y, a juzgar por la cantidad de personas asistentes, con notable éxito de 'participación'. Es cierto que los vecinos y usuarios habituales de la plaza han manifestado sus inquietudes y opiniones particulares, provocando algunos debates reivindicativos que, a veces, han rozado aspectos técnicos y formales ajenos a los objetivos de cualquier proceso participativo. Porque, efectivamente, como dice Miguel del Rey, somos los arquitectos quienes debemos de resolver las cuestiones técnicas y formales. Es decir, todo buen proyecto de arquitectura ha de ser capaz de dar la forma adecuada (a través de la técnica) a las necesidades surgidas de un buen proceso de participación ciudadana.

Por otra parte, quiero aprovechar esta ocasión para manifestar lo que considero un acierto por parte del Ayuntamiento al proponer como base de la futura actuación en la Plaza, el proyecto ganador del concurso del año1999.

Me explico: al proponer nuestro proyecto como el soporte de la nueva Plaza de la Reina, más allá de estar reconociendo su calidad arquitectónica, se está apostando por una solución 'muy abierta' en la que «hay sitio para prácticamente cualquier cosa.».

En la jornada participativa del pasado 5 de octubre en la que tuvimos ocasión de explicar nuestro proyecto, utilicé una metáfora para explicar algunas dudas surgidas en el debate. En esa ocasión sostuve que la actual Plaza de la Reina estaba «contaminada» por un exceso de elementos sobrantes: las dos rampas circulares del aparcamiento; las paradas de Bus; los coches que circulan libremente; las motos aparcadas enfrente de la catedral; los parterres ajardinados distribuidos sin criterio como isletas para distribuir el tráfico; el desorden de los comercios invasivos; etc. Se trataba de 'limpiar' todo aquello que sobraba y que estaba contaminando la imagen histórica de ese lugar tan significativo del centro de nuestra ciudad.

Pues bien, el proyecto de 1999 propone un espacio limpio y descontaminado, capaz de poner en valor aquellos elementos que representan la esencia de la historia de Valencia: La Catedral con su puerta barroca; El Miguelete; Santa Catalina; el encuentro entre las Calles de la Paz y San Vicente... Un espacio que, desde su ambigüedad, podrá asumir las propuestas surgidas del interesante Proceso de participación ciudadana en el que estamos inmersos.

El proceso está en marcha, y los arquitectos implicados en él no dudamos de su necesidad y eficacia, porque lo consideramos fundamental para diseñar el mejor espacio público para la Valencia del futuro.

Quiero terminar este escrito con unas reflexiones del urbanista Jordi Borja realizadas en el Seminario sobre 'La ciudad para la sociedad del siglo XXI' (organizado por el Colegio de arquitectos de Valencia en 2001), que seguro son compartidas por mis compañeros de equipo.

Sostenía Borja que los espacios públicos «requieren un debate público, la participación ciudadana, a lo largo del proceso de concepción, producción y gestión».

Sostenía también, que la nueva ciudad «debería de asumirse con sus tramas heredadas, adaptándolas a nuevos usos y construyendo nuevas para otras actividades.».

Toda una declaración de principios en donde apostaba por un espacio urbano comprometido con la historia y la cultura de la ciudad, capaz de recoger las sugerencias ciudadanas -las cotidianas, las comerciales y las culturales- porque, según manifestó en aquél Seminario: «Hacer ciudad es hacer comercio y hacer cultura. porque la ciudad es el lugar de los intercambios y de las identidades. La calidad del espacio urbano es el valor esencial de la ciudad, en él se deben expresar, en el sentido más amplio y ambicioso, el comercio y la cultura».