Las Provincias

NERVIOS EN EL MOLINÓN

Diagnosticada y controlada la hipertensión, uno de los elementos de riesgo que uno tenía para el accidente vascular, junto al café, eran los partidos emocionantes del Valencia. Cobarde monumental, he sido de esos indefinibles sujetos que han hecho de todo en los partidos como visitante para enfriar las emociones. Podría hacer un catálogo de rarezas: no ver el partido y montar en el coche para dar vueltas, bajar la basura y pasear con el transistor comprado en Andorra en excursión de la falla, transitar por el exterior de los bares, esperar en Oliva el cohete que confirma el gol del Valencia, consultar en minutos determinados el teletexto o cambiar de emisora buscando efectos mágicos y benéficos en la posición de la emisora en el dial. No he podido con esos locutores excesivos que cuando el contrincante llegaba a nuestro campo cada jugada era el preludio de un gol inevitable. He sufrido mucho en aquellas eliminatorias de Guadix, Alicante o contra la UD Las Palmas. En ésta, con Valdano, cortándome las uñas me corté la piel y nos eliminaron. Las tandas de penaltis me provocan pánico, y he rezado plegarias inimaginables para que mis hijos no fueran protagonistas de los lanzamientos. «Si me queréis no tiréis nunca un penalti decisivo». Si algo tengo que agradecer a estas temporadas «ni fu ni fa» es la asombrosa tranquilidad, falsa, con que encaro la disputa del partido, y la seguridad que transmito. No hace falta mucho. Para cada partido imagino los tres posibles escenarios, y es como si ya hubiera vivido la escena, de tantas veces como la he imaginado. Pero me asalta la duda de si en realidad estoy curado, y si he llegado a la madurez futbolística, que aleja de mí el cáliz de la mortificación innecesaria por la suerte de tu equipo. A fin de cuentas, con cualquiera de los tres resultados, la vida siempre sigue, y lo importante es vivir. He de decir que para este domingo noto los nervios y la sensación de que siendo todo idéntico pasarán cosas diferentes. Contaba Azorín, en su libro Españoles en París, escrito durante su amargo y doble exilio durante la guerra, el caso de ese matrimonio que ha dejado al hijo en España combatiendo, y ve llegar una carta con sello oficial, y tanto no se atreve a abrirla, que llaman a un amigo, le dan las llaves de casa, y se apostan debajo de la vivienda, en un banco de los Jardines de Luxemburgo, esperando que el amigo haga un determinado gesto con los visillos desde la ventana, en función de la bondad o maldad de la noticia. El año de la película Viven, de los supervivientes del accidente aéreo, el Valencia ganó 0-1 en El Molinón. Para mí, que si me dejan en casa, el viernes o el sábado me trago la película.