Las Provincias

Por qué Hillary no ha noqueado a Donald

El candidato Trump es deslenguado y metepatas. Ha menospreciado, a veces insultado, a colectivos del país, mujeres, hispanos, musulmanes, etc. (lo que le costará la elección). Ha proferido expresiones zafias. La cúpula de su partido, algo insólito, le apoya, cuando lo hace, a regañadientes. Varios correligionarios importantes -Bush, la señora Rice- manifiestan que no lo votarán. Una clara mayoría de periódicos se pronuncian en su contra. Algunos, como el ‘San Diego Union Tribune’ o el ‘Arizona Republic’, hacía más de cien años que no endosaban a un candidato del partido rival, del demócrata.

En resumen, Trump ha cometido pifias o padece handicaps que hace no mucho lo apearían de la carrera presidencial. A finales del siglo XX, por ejemplo, un aspirante que manifestase que si ganaba la presidencia metería en la cárcel a su rival no tendría ninguna posibilidad de llegar a la Casa Blanca. Sin embargo, él sigue en la carrera, algo distanciado ahora en los sondeos pero sin que los demócratas puedan pensar que la elección está decidida.

En Europa produce regocijo que Trump desbarre y se dé un batacazo mayúsculo. Es estrafalario, un pelín xenófobo y, además, representa a la derecha. Un estadounidense de derechas es aquí precipitadamente rechazado. Resulta difícil, en consecuencia, explicar las razones de la resistencia de Trump. Hay, sin embargo, varias. La primera es que la influencia de la prensa escrita en Estados Unidos es reducida. En las importantes primarias de Ohio, John Kasich, gobernador de ese estado, había recibido la aprobación de cincuenta diarios del país, Trump sólo de cuatro. Ganó el millonario. Diferente influencia ejerce la televisión y en ese campo los apoyos están más equilibrados, la CNN o la NBC son cercanos a Hillary Clinton pero la Fox, de mayor influencia, comulga más con Trump.

La segunda razón es que el país, también le ocurre a España, está muy polarizado. Si en el nuestro no sólo la extrema izquierda o los separatistas están en contra de Rajoy sino que hasta el sector sanchista del PSOE está dispuesto a aliarse con quien sea, incluidos los separatistas (algo blasfemo en el PSOE hace poco), con tal de desalojar al PP, en Estados Unidos acontece otro tanto. Muchos votantes están dispuestos a votar a un político poco presidenciable con tal de que la detestada Hillary no dirija el país. La señora Clinton suscita tanta suspicacia -un 52 por ciento de los estadounidenses responden que lo primero que les viene a la cabeza al ser preguntados sobre ella es «nada o poco digna de confianza»- que muchos indecisos se pasarían al campo republicano si contara con un candidato más componedor, menos hiriente.

Y esta es la tercera razón, la personalidad de Hillary Clinton. La candidata demócrata es inteligente, preparada y valiente. Era más decidida que su jefe Obama a intervenir en Siria o en otros lugares conflictivos en los que había que plantarle cara a Rusia o a los extremistas islámicos. Tiene, sin embargo, el techo y alguna pared de cristal. Más que los candidatos del pasado. No aludo a una de las acusaciones de Trump, la de que hace años, cuando Bill Clinton tuvo sonoros devaneos, su señora, que ha ido siempre de feminista, lo arropó tratando de denigrar y echar estudiadamente abundante lodo a cualquiera de sus rumoreadas amantes. Esto está parcialmente olvidado.

Más frescos y de enjundia son otros cargos. En sus años como Secretaria de Estado (ministra de Exteriores) Hillary envió a través de su ordenador centenares de mensajes que por su delicadeza deberían transitar por el correo cifrado de su ministerio. Podía así poner en peligro la seguridad o las negociaciones de Estados Unidos. La ligereza en este terreno le podía haber costado cara a cualquier funcionario. De Estados Unidos o de España. En el Ministerio español habría sido objeto de expediente.

Incómoda asimismo es la riqueza de los Clinton y la financiación de la Fundación que lleva su nombre. Desde que dejaron la Casa Blanca hace quince años el matrimonio ha ganado 237 millones de dólares. No en negocios sino principalmente dando conferencias. Hace dos años, en cuatro días, Hillary se embolsó 1 millón de dólares por cuatro charlas consecutivas, una por satélite. Aunque las cantidades sean apabullantes, en el 2014 ingresaron 28 millones, en Estados Unidos, a diferencia de España, ser rico no es pecado. Ahora bien, la sospecha está en el aire: la señora Clinton podía haber conseguido en algún caso sus monumentales honorarios y, sobre todo, jugosas ayudas para su Fundación de empresas o países con los que ella negociaba cuando era Secretaria de Estado. La existencia del nexo no está probada pero la candidata tiene reputación de que le gusta el dinero, «codiciosa» la llamó el impecable Colin Powell.

Trump debe perder las elecciones. Veremos, con todo, aún alguna sorpresa cerca del tercer debate televisivo (Trump perdió el primero y empató el segundo). Algún video escandaloso del misógino Trump o algunos cables de Wikileaks con revelaciones incómodas para la señora Clinton. En este caso, la mano que mueve la cuna sería la de Putin. Es creencia unánime que el ruso quiere que gane Trump y que los correos que filtra Wikileaks que ponen en solfa la coherencia política de la señora Clinton han sido interceptados por ‘hackers’ de los servicios de inteligencia de Moscú.