Las Provincias

El fracaso de quince consellers

Se le acaba de presentar al consejero de Economía -Sostenible, por supuesto- la oportunidad que estaba buscando para convertirse en el benefactor de L'Alcoià y El Comptat. Para ello no tiene más que triunfar donde han fracasado ocho consejeros de Industria y siete de Sanidad: En la lucha contra la legionelosis. Una enfermedad que no ha dejado de hacerle pedorretas a la Generalidad Valenciana desde que se registró el primer brote en 1999. Y van catorce. A razón de uno cada 1,4 años, si no contamos las réplicas, más frecuentes en este tipo de infecciones que en el de los terremotos. La Conselleria de Sanidad informó días atrás de la aparición de dos nuevos casos. Y, como suele ser habitual, los calificó de aislados a la espera del resultado de unos estudios epidemiológicos que a estas alturas de esta peste deben estar haciéndose ya con la gorra. De lo rutinario que se habrá convertido este trabajo para los especialistas. Ciertamente sería precipitado calificarlos de brote, pero si el último aconteció en 2014 y la mayoría de ellos -diez de catorce- se manifiestan en otoño, está al caer una sacudida tan seria como las anteriores. Porque mucho sistematizar la vigilancia, mucho inspeccionar instalaciones, mucho interesarse por la salud de los contagiados, «però de forment, ni un gra». Hasta la siguiente eclosión. En verano de 2015 se infectó una persona; en el arranque de la estación en la que nos encontramos, la más temida por cuantos viven en las húmedas riberas del Barranc del Cinc, dos. ¿Dónde contrajeron la bacteria? «Chi lo sa». Casi nunca se sabe. Se purgan los aparatos de aire del entorno fabril próximo a la víctima. Y, simplificando mucho: si sale con barba, San Antón y si no, la Purísima Concepción. Ay, la concepción. Si la Administración descubriera con facilidad dónde conciben los afectados la legionela y por qué se ha convertido en una endemia tan típica de esta comarca como 'l'olla de músic', la pericana y las peladillas, no llevaría diecisiete años dando palos de ciego. Incapaz de explicar siquiera por qué se presenta en los telares de L'Alcoià y no en los de la colindante Vall d'Albaida.

Sabedor de esta dificultad, Rafael Climent está concentrando todos sus esfuerzos en salvar a la Cámara de Comercio de Alcoy del cierre, que es lo que les interesa a aquellos de sus colaboradores que proceden de esta languideciente institución. Pero se equivoca de medio a medio. Porque si antes de que sea inmolado en la primera remodelación del Consell reaparece como acostumbra la legionella, «d'un bac anirà al carrer». Y a Muro d'Alcoi no podrá volver. A Miguel Peralta, que fue alcalde de Alcoy antes que conseller y diputado a Cortes Generales, se lo permitieron porque era del PP, y a los del PP todito se les consiente. Pero a él, que es de Compromís, no le pasarán ni una.