Las Provincias

FALTA DE OXÍGENO

No se olviden del Mercado Central, dice el presidente de los vendedores, Quico Dasí en un ruego que completa con que al pulmón de Valencia «lo están dejando sin oxígeno». Me quedo con esa idea de la gala anual de los Premios Cotorra, donde se reconoció el sábado el trabajo del chef Ricard Camarena, una clienta centenaria, Consuelo Iserte, al primer presidente de los comerciantes, Jesús Andreu, y a la Unidad de Tráfico de la Policía Local.

Este último premio no fue para todo el Ayuntamiento, sino más bien para reconocer a las personas que les están ayudando en los atascos que sufren los días de mayor venta. Observen la 'finezza' para separar la paja del grano al dar este premio por la ayuda recibida ante la adversidad que ha supuesto la peatonalización, la reducción de carriles, la eliminación de los semáforos y la limitación de acceso en coche privado.

No es de extrañar que el concejal de Comercio, Carlos Galiana, decidiera seguir de fin de semana en Roma, donde desde el viernes el Ayuntamiento ha estado recibiendo el título de Capital Mundial de la Alimentación de 2017, un reconocimiento que de momento se concreta en un congreso a celebrar el próximo octubre. De ir a los premios habría escuchado más de una petición y un buen puñado de críticas.

Menos optimismo que el alcalde Ribó expresa con el título otorgado por la FAO tienen los vendedores del Central, hartos de ser noticia por los problemas que surgen a su alrededor y no por los excelentes productos que intentan vender. El aparcamiento de Brujas no es más que un agujero y lo del concurso de ideas para reurbanizar las calles que rodean el edificio parece una broma de mal gusto, una década después de que la Lonja recibiera el título de Patrimonio de la Humanidad. Toca actuar ya.

Por eso se premia a la Policía Local, los que de verdad están bregando con los atascos y no se tiene en cuenta los 11 millones que pondrá el Consistorio para hacerse con el aparcamiento. Los comerciantes quieren soluciones a corto plazo, pero sin incluir postureos a base de colocar maceteros para las terrazas de los bares.

Pero las malas noticias no llegan nunca solas, sobre todo si el protagonista es Cristóbal Montoro. El rechazo 'exprés' a la petición de 38 millones para el transporte metropolitano es una bofetada para una ciudad que intenta salir de la crisis. La excusa es la interinidad del Gobierno, aunque me temo que si hubiera sido otra región más revoltosa no ocurriría ese problema. Ahí sí que debo darle la razón al presidente Puig, cuando dijo que los valencianos empiezan a estar cansados de ofrendar glorias a España, dado que recibimos más bien poco.

La negativa pone a la EMT en un aprieto y a la estructura de la parte esencial de este mandato, la movilidad. Si el Ayuntamiento quita aparcamiento y peatonaliza, debe dar una mejora más que sustancial del transporte público. Si no, las mismas quejas del Mercado Central llegarán de toda la ciudad.

De ahí que el concejal de Movilidad, Giuseppe Grezzi, fuera tan precavido al presentar el plan de reordenación del Botánico o, más bien, las encuestas que se harán a los vecinos, trufadas con algún debate para conocer opiniones de primera mano. Si no hay dinero, la utopía de las 'superislas' puesta en marcha en Barcelona no pasarán de ser una idea.

Estos procesos se están extendiendo a toda la ciudad y hoy mismo se reanuda el de la reurbanización de la plaza de la Reina. Son útiles pero deben ser de un efecto limitado. Los arquitectos, paisajistas y expertos entienden mucho mejor de estas cosas porque es su trabajo. Ojo, que todas las opiniones son valiosas, pero no creo que los lugares más emblemáticos de la ciudad haya que dejarlos en manos inexpertas.

Más bien pienso que estos procesos deben servir al Ayuntamiento para conocer las necesidades de vecinos y comerciantes y decidir, que para eso son cargos electos y es su obligación. De lo contrario pasará como en el Carmen, donde se gastarán miles de euros en colocar cámaras de reconocimiento de matrículas porque lo votaron sólo 120 vecinos, si no recuerdo mal. Estas personas no sabrían seguramente el gasto que supondrá para el Consistorio la gestión del sistema, si alguna vez se pone en marcha. Y todo para poner una multa de vez en cuando, pese a que el atajo ya se ha cortado con un simple bolardo.